Un solo ingrediente
Un ingrediente, en polvo y sin sabor. Sin mezclas con quince componentes en dosis que la etiqueta no desglosa.
Ya no vendemos este producto directamente. Esta ficha se mantiene como información.
90 segundos para entender la diferencia.
El video se cargara tras tu primer scroll para no afectar al rendimiento.
Nueve criterios que puedes aplicar tú sobre cualquier bote de creatina, incluido este, con la etiqueta en la mano y sin fiarte del texto grande del frontal.
| Criterio | Qué buscar | Dónde lo compruebas |
|---|---|---|
| Forma química | Creatina monohidrato | Lista de ingredientes de la etiqueta |
| Dosis por toma | Indicada en gramos, no en «cazos» | Modo de empleo del envase |
| Dosis por envase | Número de tomas y peso neto, los dos | Etiqueta frontal y trasera |
| Ingredientes añadidos | Cuantos menos, mejor de leer | Lista de ingredientes completa |
| Pureza declarada | Porcentaje y quién lo certifica | Certificado de análisis del lote |
| Alérgenos y trazas | Declaración expresa, no silencio | Etiqueta, apartado de alérgenos |
| Menciones obligatorias | Las cuatro del RD 1487/2009 | Reverso del envase |
| Operador responsable | Nombre y dirección en la UE | Etiqueta y web del vendedor |
| Consumo preferente | Fecha legible y lote impreso | Base o lateral del bote |
Criterios de compra comprobables en la etiqueta y en la documentación del lote. La información de composición, pureza y origen procede del fabricante.
Un ingrediente, en polvo y sin sabor. Sin mezclas con quince componentes en dosis que la etiqueta no desglosa.
Cuatro decisiones de selección que tomamos para no comprometer nada.
Mide en gramos, no a ojo. Disuélvela en líquido templado, remueve hasta que no quede poso y tómala. No superes la dosis diaria recomendada en el envase.
Si tu duda es si te conviene tomarla, si estás embarazada, si das el pecho o si tienes un problema renal, esa pregunta es para tu médico o tu farmacéutico, no para nosotros.
Una puntuación media no informa de lo que de verdad decide una compra de creatina: qué forma química lleva el bote, cuánta hay por toma, cuántas tomas caben en el envase y quién responde de todo eso. Esos cuatro datos están impresos en la etiqueta y se comprueban en medio minuto.
Empieza por la lista de ingredientes: si pone creatina monohidrato y poco más, ya sabes qué compras. Sigue por el modo de empleo, que tiene que darte la dosis en gramos y no en cazos. Termina por el reverso: peso neto, lote, fecha de consumo preferente y el nombre y la dirección del operador responsable en la Unión Europea. Con el peso neto y la dosis calculas tú el coste por toma, que es la única forma honesta de comparar dos botes de tamaño distinto.
Si además quieres opiniones de terceros, búscalas fuera de la web que te vende el producto: ninguna tienda es un árbitro imparcial de su propio catálogo. Y cuando las encuentres, mira si puedes ordenarlas de peor a mejor y si alguien responde a las quejas. Eso informa mucho más que la media.
Antes de expedir un pedido revisamos que el precinto esté íntegro, que el lote sea legible y que la fecha de consumo preferente quede a la vista. Eso es control de expedición. La documentación de pureza y de contaminantes la emite el fabricante, y puedes pedírnosla indicando el número de lote que figure en tu bote.
Si no lo hemos medido, no lo afirmamos
Estos tres artículos no van de creatina, van de aceite de onagra. Los mantenemos porque son los enlaces que ya existían en la página, pero te decimos de qué tratan en vez de venderte una relación que no hay.
Qué se dice del aceite de onagra en la menopausia y qué puede afirmarse legalmente.
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Precauciones durante la lactancia y por qué conviene consultarlo antes con tu matrona.
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Respuesta directa. La creatina monohidrato es un complemento alimenticio, no un medicamento. En la Unión Europea solo se le puede atribuir una propiedad saludable: aumenta el rendimiento físico en series sucesivas de ejercicios de alta intensidad y de corta duración. Esa declaración está autorizada por el Reglamento (UE) 432/2012 y lleva una condición de uso pegada: el efecto se obtiene con una ingesta diaria de 3 g de creatina, en adultos que realizan ejercicio de alta intensidad. Todo lo demás que hayas leído por ahí (que quema grasa, que da volumen muscular, que mejora la memoria, que alivia los síntomas de la menopausia, que acelera la recuperación) no está autorizado y no vas a encontrarlo afirmado en esta página. Este producto declara 5 g por dosis y 200 dosis por envase. Antes de empezar a tomarlo, y con más motivo si estás embarazada, estás dando el pecho, tienes un problema renal o tomas medicación, consúltalo con tu médico o tu farmacéutico.
La creatina es un compuesto que tu cuerpo ya fabrica y que además está presente en la dieta de cualquier persona que coma carne o pescado. No es una sustancia extraña que se inventó un laboratorio para vender botes: es parte del funcionamiento normal del músculo esquelético, y por eso lleva décadas siendo uno de los ingredientes más estudiados del mercado de la suplementación deportiva.
El músculo se contrae gastando adenosín trifosfato, el ATP. Cuando el ATP cede uno de sus fosfatos, se convierte en adenosín difosfato (ADP) y libera la energía que mueve la fibra. El problema es de almacén: la cantidad de ATP que hay en el músculo en un momento dado alcanza para muy poco, del orden de unos pocos segundos de esfuerzo máximo. Si el ejercicio continúa, hay que reponerlo sobre la marcha.
Ahí entra la fosfocreatina. Una parte de la creatina que hay en el músculo está fosforilada, es decir, guarda un fosfato disponible. Cuando el ATP se degrada a ADP, la fosfocreatina cede ese fosfato y devuelve el ADP a la forma de ATP. Es un sistema de reposición rapidísimo, el más rápido de los tres que tiene el músculo, y también el que menos dura: se llama sistema de los fosfágenos, o sistema anaeróbico aláctico, y es el que sostiene los esfuerzos que van de unos segundos a poco más de medio minuto. Un sprint corto, una serie de sentadillas pesadas, un salto, un empuje en un scrum.
Tomar creatina por vía oral eleva la cantidad total de creatina y fosfocreatina almacenada en el músculo, hasta un techo que es fisiológico y que cada persona tiene en un sitio distinto. Ese techo existe: pasado cierto punto, el músculo no admite más y el exceso se elimina por la orina. Por eso no tiene sentido la lógica de «cuanto más, mejor».
Dos fuentes. La primera es endógena: el propio organismo la sintetiza a partir de tres aminoácidos, glicina, arginina y metionina, en un proceso que ocurre sobre todo en hígado, riñón y páncreas. La segunda es la dieta: la carne y el pescado son los alimentos que más creatina aportan, y por eso una persona que no come productos de origen animal parte, de media, de unas reservas musculares menores que una persona omnívora. Esto es un dato de composición corporal, no una promesa: que tus depósitos estén más o menos llenos no equivale a que vayas a rendir más, y afirmarlo sería salirse de lo que la ley permite decir.
La creatina se transforma de forma continua en creatinina, que es el producto de desecho que se elimina por vía renal. Este detalle, que parece técnico, tiene una consecuencia práctica muy concreta que verás más adelante: si te suplementas con creatina, tu creatinina en sangre puede salir más alta en una analítica sin que eso signifique que tu riñón funcione peor. Es información que le interesa a tu médico.
Conviene separar dos cosas que el marketing de suplementos mezcla a propósito. Una es explicar cómo funciona una molécula en el músculo, que es bioquímica de manual y se puede contar. Otra es afirmar que tomando un producto concreto vas a conseguir un beneficio determinado, y eso, en un alimento, solo se puede hacer con las declaraciones que la Unión Europea ha autorizado expresamente. Cuando una ficha te describe el mecanismo con mucho detalle y de ahí salta a «notarás más fuerza en dos semanas», el salto es el truco. Aquí no lo vas a encontrar.
El marco es el Reglamento (CE) 1924/2006, que regula las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos. Su idea de fondo es sencilla: sobre un alimento no se puede decir cualquier cosa. Solo se pueden usar los mensajes que figuran en una lista cerrada, aprobados tras una evaluación científica, y con las condiciones de uso que acompañan a cada uno. Esa lista se aprobó con el Reglamento (UE) 432/2012 y se ha ido ampliando desde entonces.
Para la creatina, la declaración autorizada es esta:
«La creatina aumenta el rendimiento físico en series sucesivas de ejercicios de alta intensidad y de corta duración.»
Y no viene sola. Lleva tres condiciones que forman parte de la declaración tanto como la frase:
Fíjate en lo estrecha que es. No dice «mejora el rendimiento deportivo» en general. No dice «aumenta la fuerza». Dice rendimiento físico en series sucesivas de esfuerzos cortos e intensos, que es exactamente el escenario donde el sistema de los fosfágenos manda. Ese ajuste fino no es capricho burocrático: es hasta dónde llegó la evidencia que se evaluó, y ni un centímetro más.
La lista de la Unión Europea incluye además una declaración posterior que relaciona la creatina con el entrenamiento de fuerza en adultos mayores de 55 años, y que también exige los 3 g diarios más un programa de entrenamiento de resistencia realizado con regularidad. Si te interesa, la referencia está en el registro público de declaraciones autorizadas que mantiene la Comisión Europea, que es la fuente que conviene consultar porque se actualiza. Lo importante para leer una etiqueta: si un producto invoca esa declaración pero no cumple las condiciones de dosis y de entrenamiento, la está usando mal.
Esta tabla es la parte que el sector suele ahorrarse. La columna de la izquierda recoge afirmaciones que circulan con normalidad en fichas de producto, foros y vídeos.
| Afirmación que circula | ¿Autorizada en la UE? | Qué pasa con ella |
|---|---|---|
| Aumenta el rendimiento en series sucesivas de ejercicio de alta intensidad y corta duración | Sí | Es la declaración autorizada. Solo vale si el producto aporta 3 g al día y se informa de ello |
| Con entrenamiento de fuerza, contribuye a la fuerza muscular en mayores de 55 años | Sí, acotada | Exige 3 g diarios y entrenamiento de resistencia regular. Fuera de ese perfil, no aplica |
| Aumenta la masa muscular / da volumen | No | No hay declaración autorizada de composición corporal para la creatina |
| Ayuda a perder grasa o a definir | No | Sin declaración autorizada. Además, «quemagrasas» es un mensaje que la norma vigila de cerca |
| Acelera la recuperación o reduce las agujetas | No | Sin declaración autorizada |
| Mejora la memoria, la concentración o el estado de ánimo | No | Sin declaración autorizada para la creatina |
| Alivia síntomas de la perimenopausia o la menopausia | No | Sin declaración autorizada. Roza además la alegación terapéutica |
| Protege el hueso, previene la sarcopenia, mejora una patología | No | Atribuir a un alimento propiedades de prevención o tratamiento de enfermedades está prohibido |
| «Un X % de mejora en Y semanas» | No | Los porcentajes de eficacia no forman parte de ninguna declaración autorizada |
Porque un complemento alimenticio es un alimento, y a un alimento se le prohíbe expresamente atribuir propiedades de prevención, tratamiento o curación de enfermedades humanas. Esa prohibición está en la normativa de información alimentaria al consumidor y se aplica también a la publicidad y a la presentación del producto, no solo a la etiqueta. La página web que te lo vende es presentación del producto. Un texto de blog que dice «esto va de maravilla para las rodillas» y enlaza al botón de compra es publicidad, con las mismas obligaciones.
La regla práctica para el comprador: si una afirmación sobre un complemento suena mejor que «te ayuda a rendir en series cortas e intensas», probablemente no esté autorizada. Y si va acompañada de un porcentaje, casi seguro que no.
Los 3 g diarios son el umbral de la condición de uso: por debajo de esa cantidad, la declaración autorizada no puede utilizarse. Los 5 g son una medida comercial muy extendida, cómoda de dosificar con un cacito y con margen respecto al umbral. Esta ficha declara 5 g por toma. Ninguna de las dos cifras es «la correcta» en abstracto: la de 3 g es la que la Unión Europea vincula al efecto reconocido, y la de 5 g es la que el fabricante ha elegido como toma. Si quieres ajustar la tuya, esa conversación es con un profesional sanitario o con un dietista-nutricionista colegiado, que puede tener en cuenta tu peso, tu dieta y tu tipo de entrenamiento. Desde una ficha de producto no se puede hacer.
Circulan dos formas de empezar. Una es la llamada fase de carga: dosis alta repartida en varias tomas durante unos días, para llenar antes los depósitos musculares. La otra es la pauta constante: la misma dosis baja todos los días, sin fase inicial. Las dos están descritas en la literatura sobre creatina y las dos llevan al mismo destino; la diferencia está en el tiempo que tardas en llegar y en la tolerancia digestiva, porque las dosis altas de golpe se asocian con más molestias gastrointestinales.
La pauta constante es la más sencilla de sostener y la que encaja con la condición de 3 g diarios de la declaración autorizada. Lo que no vamos a hacer es darte un plazo: «en X semanas tus depósitos estarán llenos» es una afirmación de eficacia con calendario, y eso no está autorizado. Si alguien te lo promete con fecha, está vendiendo.
La creatina monohidrato es un polvo sin sabor propio apreciable, así que admite agua, zumo, leche o el batido que ya tomes. Sobre la hora, no hay una consigna que podamos darte apoyada en una declaración autorizada: lo que sí es evidente es que la constancia importa más que el reloj, porque la pauta es diaria y acumulativa. Si tomarla siempre en el mismo momento del día te ayuda a no olvidarla, ese es el mejor argumento disponible.
El monohidrato se disuelve mejor en líquido templado que en líquido muy frío. Remueve hasta que el vaso quede limpio; el poso que se queda pegado al fondo es producto que no te has tomado, y si te pasa siempre estás tomando menos de lo que crees. En cuanto a conservación, el enemigo del bote es la humedad: guárdalo bien cerrado, en un sitio seco, lejos de la luz directa y del vapor de la cocina, y no metas dentro el cacito mojado. Respeta la fecha de consumo preferente impresa en el envase y anota el lote si alguna vez necesitas reclamar.
Aquí conviene ser literal, porque el nombre del producto contiene una promesa aritmética y merece la pena comprobarla con los datos que la propia ficha publica.
| Dato | Valor declarado en esta ficha | Consecuencia |
|---|---|---|
| Dosis por toma | 5 g | Es la pauta que fija el fabricante |
| Dosis por envase | 200 | 200 tomas de 5 g equivalen a 1.000 g de producto |
| Duración a 5 g/día | 200 días | Coincide con el nombre comercial del pack |
| Duración a 3 g/día | Alrededor de 333 días | Si te ajustas a la condición de la declaración autorizada, el mismo envase dura bastante más |
| Peso neto del envase | No consta | Sin el peso neto no se puede cerrar la comprobación desde fuera |
La aritmética interna cuadra: 200 tomas de 5 gramos son mil gramos, y a 5 gramos diarios eso son 200 días. Lo que esta ficha no publica es el peso neto del envase, que es el dato con el que se verifica que las 200 dosis existen de verdad. Es un dato que solo el vendedor puede confirmarte, porque sale del envase físico del lote que te van a enviar. Si el dato te importa (y debería, porque es lo que convierte el precio en un coste por dosis comparable), pídeselo al vendedor antes de comprar, junto con la fecha de consumo preferente del lote que te van a enviar. Con el peso neto en la mano, dividir por 5 te dice si el número de tomas es el anunciado.
Sobre el coste: con el precio que figura en esta página y suponiendo que las 200 dosis sean correctas, la toma sale a unos quince céntimos. Es una división, no una oferta, y depende por completo de que el número de dosis sea el declarado.
Además del monohidrato hay clorhidrato, éster etílico, formas tamponadas, malato, quelatos y mezclas con nombre propio. El monohidrato es la forma con más recorrido de estudio y la que se usa como referencia; también es, casi siempre, la más barata por gramo. Las alternativas suelen venderse apoyándose en una absorción superior, en una dosis menor necesaria o en menos retención de agua. Esas ventajas no siempre están documentadas con la solidez que se les supone, y en algunos casos el argumento comercial va bastante por delante de la evidencia.
El criterio práctico: si te ofrecen una forma alternativa a un precio claramente mayor, pide por escrito en qué se apoya la ventaja. Un vendedor que no pueda contestarte eso te está cobrando el nombre.
Creapure es una marca registrada de creatina monohidrato fabricada en Alemania, asociada a un estándar de pureza alto y a controles sobre subproductos e impurezas del proceso de síntesis. Que un producto lleve esa denominación es información relevante sobre el origen de la materia prima. Lo que no significa: no convierte al producto en un medicamento, no le añade ninguna propiedad saludable que no esté autorizada, y no sustituye al certificado de análisis del lote que a ti te llega.
En esta ficha, la mención a la pureza y al origen procede de la información del proveedor. No hemos analizado ningún lote y no vamos a presentarnos como si lo hubiéramos hecho. Si el certificado te importa, pídelo indicando el número de lote impreso en tu envase; un operador serio lo tiene y lo entrega.
La creatina no figura en la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidopaje. Ese es el dato que casi todo el mundo conoce. El que se pasa por alto es otro: en el deporte federado la responsabilidad del deportista es objetiva, de modo que lo que importa no es solo qué ingrediente compras, sino qué más pudo entrar en el bote durante la fabricación. Las plantas que producen suplementos deportivos a menudo procesan también otros ingredientes, y la contaminación cruzada existe.
Si compites bajo control antidopaje, las precauciones razonables son tres: consultar la lista vigente cada temporada, porque se revisa; elegir productos con programas de control específicos frente a contaminación cruzada; y guardar el envase y el lote de lo que tomas. Si tienes una duda concreta, la ventanilla es tu federación o la agencia antidopaje que te corresponda, no una tienda.
Este apartado es el que más nos interesa que leas entero, aunque sea el menos vendedor de la página.
No hay una recomendación general que respalde el uso de creatina durante el embarazo o la lactancia, y esta página no te va a fabricar una. En esas dos situaciones, cualquier complemento alimenticio se consulta antes con tu médico o tu matrona, que conocen tu historia y el momento en que estás. La respuesta puede ser que sí, que no o que depende, pero tiene que darla alguien que te esté atendiendo.
Aquí hay un detalle práctico que conviene tener claro. La creatina se convierte de forma continua en creatinina, y la creatinina en sangre es uno de los parámetros con los que se estima la función renal. Si te suplementas con creatina, tu cifra de creatinina puede salir más alta en una analítica sin que eso signifique, por sí solo, que tu riñón vaya peor. La consecuencia es sencilla: dile a tu médico que la estás tomando antes de una analítica o cuando comentéis el resultado, para que interprete el dato con esa información delante.
Y si tienes o has tenido una enfermedad renal, o estás en seguimiento por ese motivo, la decisión de tomar creatina no se toma leyendo una ficha de producto. Se consulta.
Si tomas medicación de forma crónica, si tienes una enfermedad diagnosticada, si eres menor de edad o si estás pendiente de una intervención, consulta antes con tu médico o tu farmacéutico. El farmacéutico, además, tiene a mano tu historial de medicación y es una consulta rápida y gratuita que mucha gente no aprovecha. Un complemento alimenticio no es inocuo por definición solo porque se venda sin receta.
Las molestias digestivas asociadas a la creatina se describen sobre todo con dosis altas concentradas en poco tiempo, que es la lógica de la fase de carga agresiva. Repartir la toma o quedarse en la pauta constante suele ser mejor tolerado. Sobre la hidratación: beber agua suficiente es buena idea hagas lo que hagas, y con más razón si entrenas fuerte o hace calor; no hace falta convertirlo en un ritual ni beber cantidades desmedidas.
Una ficha de producto puede contarte qué es la creatina, qué dice la ley que se puede afirmar y cómo se dosifica según el fabricante. No puede decirte si a ti te conviene. Esa pregunta tiene un destinatario y no somos nosotros.
Esta tienda se dirige a un público femenino, y con la creatina circula mucho contenido dirigido a mujeres que mezcla, sin avisar, información fisiológica con promesas que no están autorizadas. Vamos a separarlo.
Lo que se puede decir: la declaración autorizada de la Unión Europea no distingue por sexo. Habla de adultos que realizan ejercicio de alta intensidad, con una condición de 3 g diarios, y ese texto es el mismo para todo el mundo. El sistema de los fosfágenos funciona igual en un músculo de una mujer que en el de un hombre, porque es bioquímica, no demografía. Si entrenas fuerza o haces esfuerzos cortos e intensos, la declaración te aplica exactamente igual que a cualquier otro adulto.
Lo que no se puede decir, y aquí es donde media internet se pasa de la raya: que la creatina ayude con los sofocos, con el ánimo, con el sueño, con la densidad ósea, con la perimenopausia o con la menopausia. Ninguna de esas afirmaciones está entre las declaraciones autorizadas, y varias de ellas se acercan peligrosamente a atribuir a un alimento un efecto sobre una condición de salud, que es justo lo que la norma prohíbe. Que un tema esté de moda y genere muchas búsquedas no lo convierte en una propiedad autorizada.
Tampoco vas a leer aquí que la creatina «no hincha» o «no da volumen» en mujeres, porque eso también sería una afirmación sobre composición corporal sin respaldo autorizado, solo que en negativo. Si la perimenopausia o la menopausia son tu motivo para plantearte tomar creatina, esa conversación es con tu médica o con tu ginecóloga, que pueden mirar el conjunto y no solo un bote.
Los complementos alimenticios están regulados en España por el Real Decreto 1487/2009. Entre otras cosas, obliga a que el etiquetado incluya de forma expresa:
Si un bote no lleva estas menciones, algo falla en su etiquetado. Y si el vendedor no puede decirte quién es el operador responsable de la comercialización en la Unión Europea, con nombre y dirección, ese es un motivo suficiente para no comprarlo.
Un medicamento se autoriza uno a uno, con un expediente de eficacia y seguridad y una agencia detrás. Un complemento alimenticio sigue la vía alimentaria: se notifica su puesta en el mercado, la responsabilidad de que sea seguro y esté correctamente etiquetado recae en el operador, y el control es de mercado. Ninguna de las dos cosas es mejor que la otra en abstracto: son marcos distintos para productos distintos. Lo que no vale es aprovechar el bajo umbral de entrada del complemento y luego comunicarlo con el lenguaje del medicamento.
El operador cuyo nombre figura en la etiqueta. Por eso ese dato importa más que el diseño del bote. Guarda el envase hasta terminarlo, con el lote y la fecha visibles: si alguna vez tienes que reclamar, esos dos números son lo primero que te van a pedir.
En una compra a distancia tienes 14 días naturales para desistir sin justificación ninguna, según los artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007. No hay que explicar por qué, no hay que pedir permiso y no puede cobrarse una penalización por ejercerlo. El plazo cuenta desde que recibes el producto.
Sobre este derecho existe una excepción que en el sector de los complementos se aplica mal a propósito. El artículo 103.e excluye del desistimiento los bienes precintados que no sean aptos para ser devueltos por razones de protección de la salud o de higiene y que hayan sido desprecintados tras la entrega. Son dos condiciones que tienen que darse a la vez. Un bote cerrado, con su precinto intacto, se devuelve. Frases como «los productos higiénicos no admiten devolución» o «solo se aceptan devoluciones en su embalaje original sin abrir» son cláusulas que no se sostienen tal cual están escritas.
La garantía legal de conformidad es de tres años desde la entrega, según la reforma que introdujo el Real Decreto-ley 7/2021 y que se aplica a las compras hechas desde principios de 2022. Mucha ficha de comercio electrónico sigue diciendo dos años: está desactualizada. En un producto consumible esa garantía cubre la falta de conformidad (que no sea lo que se anunció, que llegue en mal estado, que el contenido no coincida con lo declarado), y convive con la fecha de consumo preferente, que marca hasta cuándo el fabricante garantiza que el producto mantiene sus propiedades.
Comprueba siempre tres cosas antes de confirmar: el precio total con impuestos incluidos, el coste de envío según tu destino (Canarias, Ceuta y Melilla tienen fiscalidad y trámites distintos de los de la península) y, si contratas una entrega recurrente, la periodicidad exacta, cómo se cancela y si hay permanencia. Si el ciclo de renovación de una suscripción no encaja con la duración declarada del envase, pregunta antes de contratar: es un descuadre que conviene aclarar por escrito.
Si has llegado hasta aquí buscando creatina, vas a ver unas cuantas fichas más antes de decidirte. Estas son las señales que permiten separar en un minuto una página informativa de una pieza de venta agresiva, y sirven para cualquier complemento alimenticio, no solo para este.
Ya sabes cuál es el techo legal: rendimiento físico en series sucesivas de esfuerzos cortos e intensos, con 3 g diarios y en adultos que entrenan a alta intensidad. Cualquier ficha que prometa volumen muscular, pérdida de grasa, menos agujetas, mejor descanso o alivio de síntomas de la menopausia está por encima de ese techo. Para detectarlo no hace falta saber bioquímica: basta con poner la frase de la ficha al lado de la frase autorizada y ver cuál de las dos promete más.
«Un X % más de fuerza», «un Y % de recuperación más rápida». Los números convencen porque parecen medidos. Pregúntate quién midió, en cuánta gente, durante cuánto tiempo y dónde está publicado. Si la página no lo enlaza, ese porcentaje es decoración. Y aunque estuviera bien medido, seguiría sin poder usarse en la comunicación comercial de un alimento, porque las cifras de eficacia no forman parte de ninguna declaración autorizada.
Contadores de unidades restantes, relojes de cuenta atrás, avisos de cuánta gente está mirando el producto en ese momento. Cuando esos elementos son fijos —vuelven al mismo número cada vez que recargas la página— no informan de nada: están ahí para acortarte el tiempo de decisión. Y en un producto que te vas a tomar a diario durante meses, la decisión rápida es justo la que no te interesa.
Una nota redonda muy alta, cientos de valoraciones y ni un solo comentario crítico es un perfil que casi no se da en la vida real. Cuando encuentres opiniones, comprueba si la página dice de dónde salen, si puedes ordenarlas de peor a mejor y si alguien contesta a las quejas. Un vendedor que responde a una valoración mala te está dando más información que otro que solo exhibe las buenas.
Peso neto, número de lote, fecha de consumo preferente, operador responsable con nombre y dirección en la Unión Europea, lista completa de ingredientes y declaración de alérgenos. Son los datos que no venden, y por eso son los primeros que desaparecen de una ficha diseñada solo para convertir. Su ausencia dice más de un producto que cualquier eslogan del frontal del bote.
Una firma sanitaria en una ficha de producto solo vale si se puede comprobar: nombre completo, titulación y número de colegiado que puedas buscar en el registro que corresponda. Si aparece un nombre sin credencial verificable, o una credencial que no existe en ningún registro, esa firma está puesta para prestar autoridad, no para responder de nada. Una página que dice abiertamente que no lleva firma sanitaria es más útil que otra con una firma que no aguanta una búsqueda de dos minutos.
Cuando un producto lleva meses con el mismo descuento permanente, el precio tachado no es un precio anterior realmente practicado. La regla de las reducciones de precio, que está en el artículo 20 de la Ley 7/1996 de Ordenación del Comercio Minorista tras la reforma que traspuso la directiva Ómnibus, exige que el importe de referencia sea el más bajo aplicado durante los treinta días anteriores a la oferta. Si el «antes» lleva ahí todo el año, no es un «antes»: es parte del diseño de la página.
| Lo que ves en la ficha | Qué significa | Qué hacer |
|---|---|---|
| Promesa por encima de la declaración autorizada | Alegación no permitida en un alimento | Descartar esa afirmación entera, no negociarla |
| Porcentaje de eficacia sin fuente enlazada | Cifra sin respaldo comprobable | Pedir la referencia; si no la hay, ignorarla |
| Contador o cuenta atrás que no cambia al recargar | Elemento de presión, no información | Recargar la página y comprobarlo antes de comprar |
| Nota muy alta sin ningún comentario crítico | Perfil de opiniones poco verosímil | Buscar opiniones fuera de la tienda que vende |
| Sin peso neto ni operador responsable | Faltan las menciones que permiten comparar y reclamar | Pedirlos por escrito antes de pagar |
| Firma sanitaria sin número de colegiado | Autoridad prestada sin respaldo | Verificar en el registro; si no aparece, desconfiar |
| Descuento permanente con precio tachado | Referencia que no cumple la regla de los treinta días | Comparar el precio final con el de otras tiendas |
| «Fórmula avanzada» al triple de precio | Argumento comercial sin ventaja documentada | Pedir el respaldo por escrito antes de pagar la diferencia |
La prueba rápida: tapa con la mano todo lo que ocupa la mitad superior de la ficha —el título grande, la nota, el botón— y quédate solo con la letra pequeña. Si con esa letra pequeña puedes decir qué lleva el bote, cuánto pesa, quién lo comercializa y cuánto te cuesta cada toma, la ficha sirve. Si no puedes, lo que has leído era un anuncio.
En esta página tienes tres cosas. La información del producto tal como la declara el fabricante: forma química, dosis por toma y número de tomas por envase. El marco normativo que le aplica: qué se puede afirmar sobre la creatina en la Unión Europea, con qué redacción y bajo qué condición de uso. Y las cuentas que se pueden hacer con esos datos, incluida la duración real del envase según la dosis que elijas y el coste por toma que sale de ahí. Tienes además tus derechos como comprador escritos con su artículo al lado, por si alguna vez los necesitas.
Lo que tienes que buscar en otro sitio es la decisión clínica: si a ti te conviene tomar creatina, en qué cantidad, junto a qué medicación y en qué momento de tu vida. Esa respuesta depende de tu historia, de tus analíticas y de lo que ya estés tomando, y solo puede dártela quien te atiende: tu médico, tu farmacéutico o un dietista-nutricionista colegiado. Una tienda puede contarte qué vende y bajo qué reglas lo vende; esa conversación no la sustituye, y cualquier página que se ofrezca a sustituirla te está diciendo algo importante sobre sí misma.