Una dosis clara
500 mg por cápsula y 270 cápsulas en la caja. Con tres al día sabes exactamente cuánta espirulina tomas (1,5 g) y cuánto dura el bote (90 días). Es lo primero que hay que poder decir de cualquier complemento.
Ya no vendemos este producto directamente. Esta ficha se mantiene como información.
90 segundos para entender la diferencia.
El video se cargara tras tu primer scroll para no afectar al rendimiento.
El alga es la misma. Lo que cambia es cómo llega a tu boca y qué la acompaña.
| Cápsulas (este pack) | Comprimidos | Polvo | |
|---|---|---|---|
| Dosificación | Fija: 500 mg por cápsula | Fija, según el comprimido | Libre: necesitas báscula o cuchara medidora |
| Sabor | Neutro al tragarla | Marcado si se mastica | Muy marcado; hay que mezclarlo |
| Ingredientes añadidos | La cubierta de la cápsula | Suele llevar aglutinante y antiaglomerante | Ninguno |
| Conservación | Envase cerrado y opaco | Envase cerrado y opaco | Muy sensible a luz, aire y humedad |
| Fuera de casa | Cómodo | Cómodo | Incómodo |
El coste por gramo sale de dividir el precio de este pack entre los 135 g que contiene. Compara siempre así, y no bote contra bote: los envases varían mucho de tamaño.
Nada sobre lo que vas a sentir. Cuatro datos que se leen en el envase, en el pedido o en la propia normativa.
500 mg por cápsula y 270 cápsulas en la caja. Con tres al día sabes exactamente cuánta espirulina tomas (1,5 g) y cuánto dura el bote (90 días). Es lo primero que hay que poder decir de cualquier complemento.
Se comercializa bajo el RD 1487/2009: dosis diaria recomendada, advertencias obligatorias y operador responsable impresos en el envase. Si algo de eso falta, mejor no lo compres.
Explicados sin rodeos, con lo que se puede afirmar y lo que no.
Habitualmente tres cápsulas al día con un vaso de agua, juntas o repartidas. No superes la dosis diaria recomendada en el envase.
Si estás embarazada, en lactancia, en tratamiento o con alguna enfermedad crónica, coméntalo antes con tu médico o tu farmacéutico.
Tres marcas en el envase, y las tres son públicas. No hace falta creerse nada.
El logotipo europeo de producción ecológica (la eurohoja: estrellas dibujando una hoja sobre fondo verde) es obligatorio en los alimentos ecológicos envasados producidos en la Unión, conforme al Reglamento (UE) 2018/848.
Justo debajo del logotipo debe figurar el código de la autoridad u organismo de control, con el formato ES-ECO-nnn-CC en España. Ese código identifica a quién certifica al operador y se puede consultar.
Bajo el código aparece la indicación del lugar de producción: «Agricultura UE», «Agricultura no UE» o la fórmula mixta. Te dice de dónde sale el alga, no solo dónde se ha envasado.
Si un envase enseña una hoja verde sin código de control debajo, ese dibujo no es el logotipo europeo. Y ante la duda, pide al vendedor el certificado del operador: lo emite el organismo de control y se puede enseñar sin problema.
Que el precinto esté íntegro; que el número de lote y la fecha de consumo preferente se lean bien; y que la lista de ingredientes coincida con lo anunciado. Con esos tres datos puedes reclamar cualquier cosa. Si algo no encaja, escríbenos antes de tomar la primera cápsula.
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Leer artículoEn corto: este pack son 270 cápsulas de espirulina ecológica de 500 mg. Con la pauta habitual de tres al día duran 90 días y suponen 1,5 g diarios de alga seca, 135 g en todo el bote. La espirulina se vende como complemento alimenticio, no como medicamento: la normativa europea permite describir qué es, de qué está hecha y cómo se toma, y reserva para una lista cerrada las frases sobre efectos en el organismo. Lo que sí puedes exigir antes de pagar es el logotipo ecológico europeo con su código de control debajo, el origen de la materia prima, la lista completa de ingredientes y un lote legible en el envase.
La espirulina no es un alga en el sentido botánico estricto. Es una cianobacteria, un organismo unicelular que hace fotosíntesis y que la taxonomía coloca entre las bacterias, no entre las plantas ni entre las algas verdes. Las especies que se cultivan para consumo humano son Arthrospira platensis y Arthrospira maxima, y su nombre viene de la forma de espiral que dibujan los filamentos cuando se miran al microscopio. En la etiqueta deberías poder leer la especie concreta; si solo pone «alga espirulina» sin más, ya estás recibiendo menos información de la que podrías.
El detalle taxonómico no es una pedantería: importa porque explica dónde crece y qué se le puede pegar por el camino. Las cianobacterias viven en agua dulce muy alcalina, con un pH alto que a la mayoría de organismos les resulta inhóspito. Ese ambiente extremo es su ventaja competitiva y también el motivo por el que un cultivo bien llevado tiene relativamente pocos problemas de contaminación biológica: pocas cosas aguantan ahí dentro.
La espirulina se ha consumido de forma tradicional en zonas donde crecía sola. En los alrededores del lago Chad se recogía del agua, se secaba al sol en tortas y se comía como un ingrediente más de la dieta local, con el nombre de dihé. Algo parecido se documentó en el lago de Texcoco, en el valle de México. Son consumos tradicionales bien descritos, y conviene tenerlos en la cabeza por una razón práctica: la espirulina no es un descubrimiento reciente de laboratorio, es un alimento con historia que se ha industrializado.
El cultivo moderno se hace de dos maneras. La más extendida son las balsas abiertas poco profundas con una paleta que mantiene el agua en movimiento, el llamado estanque de circuito. Es barato, aprovecha el sol y produce mucho. La alternativa son los sistemas cerrados o fotobiorreactores, tubos o paneles donde el cultivo no está expuesto al aire libre: cuestan bastante más y por eso encarecen el producto final, a cambio de un control mayor sobre lo que entra en el agua.
El proceso, contado sin adornos, es este: se cosecha la biomasa filtrándola del agua, se lava, se escurre y se seca. El secado es el paso donde más se juega. El secado por atomización, que pulveriza el concentrado dentro de una corriente de aire caliente durante muy poco tiempo, es el más habitual en producto de calidad porque el alga pasa poco rato sometida a calor. Después se muele hasta obtener un polvo azul verdoso muy fino, ese color tan característico que viene de la mezcla entre la clorofila verde y la ficocianina azul.
A partir de ahí, el polvo puede quedarse como polvo, comprimirse en comprimidos o encapsularse. Este pack va por la tercera vía: 500 mg de polvo dentro de cada cápsula. Es el formato más cómodo para tomar una cantidad exacta todos los días sin pesar nada y sin tener que lidiar con el sabor, que es intenso y no le gusta a todo el mundo.
Aquí es donde conviene bajar de las palabras a la aritmética, porque es la parte que casi ninguna ficha de producto pone por escrito. Tres cápsulas de 500 mg son 1,5 gramos de alga seca al día. El bote entero, 270 cápsulas, son 135 gramos. Ese número, y no el precio del bote, es el que permite comparar dos productos con envases distintos.
La espirulina seca tiene un contenido proteico alto en relación con su peso: buena parte de ese peso es proteína. Ahora bien, «alto en proporción» y «mucho en cantidad» son cosas distintas cuando la cantidad de partida es un gramo y medio. Traducido: la proteína que aportan tres cápsulas se queda por debajo del gramo. Puesto al lado de lo que se come en un día normal, la comparación se explica sola.
| Ración | Cantidad | Proteína aproximada |
|---|---|---|
| Este pack, dosis diaria | 1,5 g de espirulina (3 cápsulas) | Por debajo de 1 g |
| Un huevo mediano | ≈ 55 g | En torno a 6-7 g |
| Lentejas cocidas | 100 g | En torno a 9 g |
| Almendras | 30 g | En torno a 6 g |
| Pechuga de pollo | 100 g | En torno a 23 g |
Cifras orientativas de las tablas de composición de alimentos, redondeadas. La conclusión práctica es que la espirulina entra en la dieta como un extra, no como la fuente principal de nada. Quien la compre esperando cubrir con ella sus proteínas del día se va a llevar un chasco aritmético, y eso conviene saberlo antes de pagar, no después.
Con 1,5 g al día, la espirulina se sienta a la mesa como acompañamiento. Nunca como plato principal.
Con los micronutrientes pasa algo parecido y hay una regla que ayuda a leer cualquier etiqueta. Para que un alimento pueda anunciarse como «fuente de» una vitamina o un mineral, la normativa exige que aporte al menos el 15 % del valor de referencia de ese nutriente en la cantidad que se consume al día. Mira la tabla nutricional del envase, busca la columna «por dosis diaria» y compárala con los porcentajes que vienen al lado: ahí verás en un vistazo qué llega a ese umbral y qué se queda corto. Es un ejercicio de treinta segundos y vale más que cualquier eslogan.
Este es el punto que separa una ficha seria de una que te está vendiendo humo, y merece la pena entenderlo aunque no vayas a comprar aquí. Todo lo que se dice de un alimento en su etiqueta y en su publicidad está regulado por el Reglamento (CE) 1924/2006, que distingue dos familias de mensajes: las declaraciones nutricionales, que hablan de composición («fuente de hierro», «bajo en sodio»), y las declaraciones de propiedades saludables, que relacionan un nutriente con una función del organismo.
Las declaraciones de propiedades saludables no se pueden redactar libremente. Existe una lista autorizada, recogida en el Reglamento (UE) 432/2012, con redacciones concretas asociadas a nutrientes concretos y a condiciones de uso concretas. Funciona como un catálogo cerrado: si una afirmación no está ahí con esa formulación y para ese ingrediente, no puede aparecer ni en la etiqueta, ni en la web, ni en un anuncio. Por encima de todo eso, el Reglamento (UE) 1169/2011 prohíbe atribuir a un alimento la propiedad de prevenir, tratar o curar una enfermedad, y exige que la información no induzca a error.
De ahí que en esta página no vayas a leer que la espirulina te va a dar energía, reforzar las defensas, mejorar la piel o depurar el organismo. No es timidez comercial: es que esas frases no están permitidas para este ingrediente. Cuando veas una tienda que las usa, ya sabes qué tipo de tienda es.
Queda bastante margen para informar bien. Un envase correcto declara la denominación del producto, la especie del alga, la lista de ingredientes por orden de peso, la cantidad por dosis diaria, la información nutricional, el número de lote, la fecha de consumo preferente, el nombre y la dirección del operador responsable dentro de la Unión y las advertencias obligatorias del RD 1487/2009 para complementos alimenticios: no superar la dosis diaria expresamente recomendada, no utilizar el producto como sustituto de una dieta equilibrada y mantenerlo fuera del alcance de los niños más pequeños. Un complemento que se comercializa en España debe además haber sido notificado a la autoridad competente antes de ponerse a la venta.
Un complemento se juzga por lo que declara con precisión, no por lo que insinúa con adjetivos.
La producción ecológica en la Unión Europea se rige por el Reglamento (UE) 2018/848, que sustituyó a la normativa anterior y es aplicable desde 2022. El sello europeo, la hoja dibujada con estrellas sobre fondo verde, es obligatorio en los alimentos ecológicos envasados producidos dentro de la Unión, y va siempre acompañado de dos datos que se imprimen justo debajo: el código del organismo de control, con el formato ES-ECO-nnn-CC cuando la certificación es española, y la indicación del lugar donde se ha producido la materia prima.
Lo interesante es delimitar qué te está garantizando ese sello. Certifica el método de producción: cómo se ha cultivado, con qué insumos, con qué controles documentales, con qué trazabilidad y con qué inspecciones periódicas del operador. Es una garantía de proceso, verificable y con un tercero detrás que responde. Lo que el sello no es, es un boletín analítico del bote que tienes en la mano. Son dos preguntas distintas y lo sensato es hacer las dos por separado.
El sello ecológico certifica cómo se ha cultivado. El análisis de contaminantes dice qué hay dentro del bote. Conviene preguntar las dos cosas.
Como comprador tienes una vía sencilla para comprobarlo: el certificado del operador es un documento que emite el organismo de control, tiene fecha de validez y recoge las actividades certificadas. Un vendedor serio lo enseña sin pestañear. Si la respuesta es evasiva, ya tienes tu respuesta.
La espirulina se cría en agua y absorbe lo que hay en ella. Si el agua o los insumos arrastran plomo, cadmio, mercurio o arsénico, esos elementos acaban concentrados en la biomasa, porque el proceso de secado quita agua y deja el resto. Los contenidos máximos de contaminantes en alimentos están fijados en el Reglamento (UE) 2023/915, que reemplazó al marco anterior, y los complementos alimenticios tienen sus propios límites. El control corresponde al operador responsable, que debe poder acreditar que el producto cumple.
Traducido a lo que puedes hacer tú: pregunta por el origen del cultivo y por los controles de contaminantes del lote. No hace falta que te manden un informe de veinte páginas; basta con que sepan responder de dónde viene y quién lo controla.
La espirulina no produce microcistinas. El asunto está en la vecindad: en un cultivo abierto pueden aparecer otras cianobacterias que sí las producen, y de ahí puede venir una contaminación cruzada. Por eso el tipo de cultivo y la vigilancia del estanque no son un detalle estético del marketing, sino la variable que gobierna ese riesgo. Un cultivo cerrado lo reduce por diseño; uno abierto lo controla con monitorización. Las dos vías son válidas si están bien llevadas, y la diferencia se nota en el precio.
Estos tres datos son los que convierten un bote anónimo en un producto reclamable. El lote permite identificar la partida concreta y es lo primero que te van a pedir si algo va mal. La fecha de consumo preferente marca el periodo en que el fabricante se hace cargo de las características del producto. Y el operador responsable con dirección en la Unión Europea es a quién se le reclama. Si falta cualquiera de los tres, devuelve el pedido.
Este punto merece su propio apartado porque afecta a decisiones de salud reales y porque circula mucha confusión al respecto. La espirulina contiene compuestos de la familia de la cobalamina, pero en su mayoría son análogos que el organismo humano no aprovecha como vitamina B12, lo que se conoce como pseudovitamina B12. Los análisis que se hacen con métodos poco específicos suman esos análogos y arrojan una cifra de B12 aparentemente alta, y de ahí nace el malentendido.
La consecuencia práctica es directa: si sigues una alimentación vegana o vegetariana estricta, la espirulina no es tu fuente de vitamina B12. La B12 se cubre con un suplemento específico de cianocobalamina, con la pauta y el control analítico que te indique tu médico o tu dietista-nutricionista. Confiar el aporte de B12 a un alga es el tipo de error que no se nota hasta que aparece en una analítica, y por eso conviene decirlo con claridad en una ficha de producto en lugar de dejarlo en el aire.
Un complemento alimenticio no es inocuo por definición solo porque sea de origen natural, y hay situaciones en las que la decisión no debería tomarse leyendo una web. Conviene consultar con tu médico, tu farmacéutico o tu dietista-nutricionista antes de empezar si te encuentras en alguno de estos casos:
Y una advertencia que aplica a cualquier complemento: si estás tomando espirulina y notas algo que no encaja, deja de tomarla y consulta. No es un medicamento, no está tratando nada, y suspenderla no tiene coste alguno.
Un pack de tres meses es una compra a ciegas más grande que un bote pequeño, así que compensa dedicarle cinco minutos. Estos son los ocho puntos que se pueden comprobar sin fiarse de nadie:
Fíjate en que ninguno de los ocho puntos exige creerse una promesa: son comprobaciones documentales. Ese es exactamente el criterio con el que conviene comprar cualquier complemento.
La espirulina es sensible a tres cosas: la luz, el calor y la humedad. La ficocianina, el pigmento azul que le da ese tono característico, se degrada con la exposición prolongada a la luz y con el calor, y esa degradación se ve: el polvo pierde el matiz azulado y vira hacia un verde apagado o pardo. En cápsulas el contenido está más protegido que en polvo suelto, pero la regla no cambia.
Guárdalo en su envase original bien cerrado, en un lugar fresco y seco, lejos de la ventana y del vapor de la cocina. Nada de dejarlo abierto encima de la encimera al lado del hervidor. Y respeta la fecha de consumo preferente: pasada esa fecha el producto no se vuelve peligroso de golpe, pero el fabricante ya no responde de sus características, y en un pack de 90 días conviene hacer la cuenta de que lo vas a terminar dentro del plazo.
Se venden en el mismo estante y mucha gente las usa como sinónimos, pero son organismos distintos. La espirulina es una cianobacteria sin pared celular de celulosa. La chlorella es un alga verde unicelular con una pared celular rígida que hay que romper mediante un tratamiento específico para que el contenido resulte accesible, motivo por el que en su etiqueta se suele indicar que la pared está fracturada. Cambian el color, el sabor, el precio y el procesado. Si estás comparando dos productos, asegúrate primero de que estás comparando el mismo organismo, porque el precio por gramo entre uno y otro no es comparable.
En una compra a distancia dispones de 14 días naturales para desistir sin tener que justificar el motivo, según los artículos 102 a 108 del RDL 1/2007. El plazo cuenta desde que recibes el pedido, y para ejercerlo basta con una declaración inequívoca: un correo diciendo que desistes es suficiente, aunque también puedes usar el formulario de desistimiento. Una vez comunicado, el vendedor debe devolverte el importe en un plazo de 14 días naturales, y esa devolución incluye los gastos de envío estándar que hubieras pagado.
Hay una excepción que conviene entender bien porque se cuenta mal muy a menudo. El artículo 103.e excluye del desistimiento los bienes precintados por razones de protección de la salud o de higiene que hayan sido desprecintados tras la entrega. Son dos condiciones acumulativas: tienen que darse las dos. Un pack cerrado, con su precinto intacto, se devuelve dentro de plazo sin discusión. La frase «los productos de este tipo no admiten devolución», dicha en general, no se ajusta a la norma.
Desde la reforma que introdujo el RDL 7/2021, la garantía legal de conformidad de los bienes es de tres años desde la entrega para las compras realizadas a partir del 1 de enero de 2022, y durante los dos primeros años se presume que la falta de conformidad ya existía en el momento de la entrega, de modo que no te toca a ti demostrarlo. En un complemento alimenticio esto se traduce en supuestos concretos: envase dañado, precinto roto de origen, contenido que no corresponde con lo descrito o etiquetado ilegible.
Conviene no confundir esa garantía con la fecha de consumo preferente, que es otra cosa: marca el periodo durante el cual el producto mantiene sus características si se ha conservado bien. Y guarda siempre el justificante de compra: es lo que activa cualquiera de los dos mecanismos.
Es un complemento alimenticio: aporta 1,5 g de alga al día, una cantidad que se suma a la dieta sin sustituir nada de ella. Antes de comprarlo, comprueba el sello ecológico con su código y su origen, la especie declarada, la lista de ingredientes y el lote. Si estás embarazada, en lactancia, en tratamiento o con alguna condición de las que se enumeran más arriba, consúltalo primero con un profesional sanitario. Y si al recibirlo cambias de opinión, tienes 14 días naturales para devolverlo.
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