Dosis declarada y convertida
5.000 UI son 125 µg de colecalciferol. Está por encima del nivel máximo de ingesta tolerable que EFSA fijó para adultos, así que es una dosis para pautar, no para probar por curiosidad.
Complemento alimenticio. No sustituye a una dieta variada y equilibrada.
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Las etiquetas mezclan unidades internacionales y microgramos. Esta es la equivalencia.
| Dosis diaria | Microgramos | % del VRN (5 µg) | Dónde se sitúa |
|---|---|---|---|
| 400 UI | 10 µg | 200 % | Aporte bajo, típico de multivitamínicos |
| 1.000 UI | 25 µg | 500 % | Presentación muy extendida |
| 2.000 UI | 50 µg | 1.000 % | Dentro del límite europeo para adultos |
| 4.000 UI | 100 µg | 2.000 % | Nivel máximo de ingesta tolerable de EFSA |
| 5.000 UI | 125 µg | 2.500 % | Por encima de ese nivel: uso pautado y con control |
Valor de referencia de nutrientes según el anexo XIII del Reglamento (UE) 1169/2011. Nivel máximo de ingesta tolerable para adultos según EFSA. Este producto aporta 5.000 UI por cápsula.
Lo que describe el producto, sin promesas de salud que la normativa europea no permite.
5.000 UI son 125 µg de colecalciferol. Está por encima del nivel máximo de ingesta tolerable que EFSA fijó para adultos, así que es una dosis para pautar, no para probar por curiosidad.
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La D3 es de origen vegetal y va encapsulada en aceite de oliva. Las dos vitaminas son liposolubles: tomarlas con una comida que lleve grasa favorece su absorción.
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Lote y fecha de duración mínima impresos en el envase, y las menciones que exige el Real Decreto 1487/2009 para complementos alimenticios.
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Una cápsula al día, sin superar la dosis diaria recomendada. Si un profesional sanitario te ha indicado otra pauta, manda la suya.
La D3 y la K2 son liposolubles: se absorben mejor junto a una comida que contenga grasa. La constancia importa más que la hora del día.
Repite la analítica cuando te lo indiquen y revisa el resto de complementos que tomes, para no sumar vitamina D sin darte cuenta.
Precinto íntegro, lote y fecha de duración mínima legibles, y la etiqueta con las menciones que exige el Real Decreto 1487/2009: categorías de nutrientes, porción diaria recomendada, advertencia de no superarla, aviso de que no sustituye a una dieta variada y equilibrada y de mantenerlo fuera del alcance de los niños más pequeños. Si algo de eso falta o no coincide, avísanos con el número de pedido y el lote.
Un complemento alimenticio no previene, trata ni cura enfermedades
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5.000 UI de vitamina D3 equivalen a 125 microgramos de colecalciferol al día. Es veinticinco veces el valor de referencia de nutrientes que la Unión Europea fija para la vitamina D (5 µg) y queda por encima del nivel máximo de ingesta tolerable que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria estableció para adultos, situado en 100 µg diarios, es decir, 4.000 UI. Traducido: no es una dosis de mantenimiento genérica, es una dosis alta. Tiene sentido cuando un profesional sanitario la indica tras ver una analítica de 25-hidroxivitamina D, y deja de tenerlo cuando alguien la empieza por su cuenta porque ha leído que casi todo el mundo anda bajo de vitamina D.
La vitamina K2 en forma de menaquinona-7 (MK-7) acompaña a la D3 en muchas fórmulas porque las dos vitaminas comparten una de las pocas declaraciones que el Reglamento (UE) 432/2012 autoriza en Europa: contribuir al mantenimiento de los huesos en condiciones normales. Esa es la frase legal, y por debajo de ella no hay ninguna promesa de curar, prevenir ni tratar nada. Un complemento alimenticio es un alimento, no un medicamento.
Una dosis alta de vitamina D no es una dosis mejor: es una dosis que necesita un motivo, una analítica detrás y alguien que la revise.
Las etiquetas de vitamina D usan dos unidades a la vez y eso confunde más de lo que ayuda. La equivalencia es fija: 1 microgramo de colecalciferol equivale a 40 unidades internacionales. A partir de ahí, todo lo demás son cuentas. El valor de referencia de nutrientes (VRN) que aparece en el anexo XIII del Reglamento (UE) 1169/2011 es de 5 µg para la vitamina D y de 75 µg para la vitamina K, así que los porcentajes que ves en la tabla nutricional se calculan siempre contra esas dos cifras.
| Dosis diaria en UI | Microgramos | % del VRN (5 µg) | Dónde se sitúa |
|---|---|---|---|
| 400 UI | 10 µg | 200 % | Dosis baja, habitual dentro de multivitamínicos |
| 800 UI | 20 µg | 400 % | Cantidad de mantenimiento frecuente en adultos |
| 1.000 UI | 25 µg | 500 % | Presentación muy extendida en farmacia y parafarmacia |
| 2.000 UI | 50 µg | 1.000 % | Dentro del límite superior europeo para adultos |
| 4.000 UI | 100 µg | 2.000 % | Nivel máximo de ingesta tolerable de EFSA para adultos |
| 5.000 UI | 125 µg | 2.500 % | Por encima de ese nivel: uso pautado y con control |
El nivel máximo de ingesta tolerable no es una frontera entre lo seguro y lo tóxico. Es la cantidad diaria que, tomada de forma continuada por la población adulta general, no se espera que cause problemas. Superarla un día suelto no intoxica a nadie; superarla durante meses sin que nadie mire una analítica es otra cosa. Por eso una presentación de 5.000 UI no es un producto peor que uno de 1.000: es un producto para otra situación.
La otra cuenta que conviene hacer es la de las fuentes sumadas. Si ya tomas un multivitamínico, un preparado de calcio con vitamina D y algún alimento enriquecido, la vitamina D del día no es la del bote que tienes delante: es la suma de todos. Ese es el error que más veces convierte una pauta razonable en una dosis que nadie había previsto.
Cien microgramos de vitamina K equivalen al 133 % del VRN. La cifra parece alta comparada con la referencia, pero se mueve dentro del rango que utiliza la mayoría de fórmulas del mercado. A diferencia de la D3, la vitamina K no se acumula del mismo modo en el organismo y su margen de seguridad en personas sanas es amplio. El asunto con la K2 nunca ha sido la cantidad: es con qué tratamientos se cruza, y eso lo tienes dos apartados más abajo.
En la Unión Europea solo pueden atribuirse a un nutriente las declaraciones que figuran en la lista del Reglamento (UE) 432/2012, con la redacción autorizada o una equivalente para el consumidor, y siempre que el producto aporte al menos el 15 % del VRN por porción. Todo lo demás —mejoras del ánimo, refuerzos frente a infecciones concretas, prevención de patologías óseas— queda fuera del marco legal por mucho que se lea a diario. El Reglamento (CE) 1924/2006 prohíbe además cualquier mensaje que atribuya a un alimento la propiedad de prevenir, tratar o curar una enfermedad.
| Nutriente | Declaraciones autorizadas (Reglamento UE 432/2012) |
|---|---|
| Vitamina D |
|
| Vitamina K |
|
Fíjate en el verbo: contribuye a mantener en condiciones normales. No dice que corrija nada que ya esté alterado. Cuando una etiqueta o una página se sale de ahí y empieza a hablar de densidad ósea, de estados de ánimo o de defensas, ha dejado de describir un complemento alimenticio.
Un complemento alimenticio no previene, no trata y no cura ninguna enfermedad. Si un producto lo promete, esa promesa es justamente el motivo para desconfiar de él.
La vitamina D del mercado se presenta en dos formas. La D3 o colecalciferol es la misma molécula que la piel sintetiza con la radiación ultravioleta B. La D2 o ergocalciferol procede de levaduras y hongos irradiados. Las dos elevan la vitamina D circulante, pero la D3 lo hace de forma más sostenida, y es la que utilizan casi todas las formulaciones actuales.
Durante décadas, la D3 comercial se obtenía de la lanolina, la grasa de la lana de oveja, lo que la dejaba fuera de cualquier dieta vegana. La alternativa vegetal es el colecalciferol obtenido de liquen: misma molécula, distinto punto de partida. Si te importa el origen, es un dato que tiene que estar escrito en la etiqueta y no deducirse del envase. Busca la mención expresa a la fuente y comprueba además de qué está hecha la cápsula, porque una cubierta de gelatina no es vegana aunque el activo sí lo sea. Las cubiertas vegetales habituales son de hidroxipropilmetilcelulosa o de pululano.
| Forma | Qué es | Origen habitual | Qué mirar |
|---|---|---|---|
| D3 (colecalciferol) | La forma que sintetiza la piel | Lanolina o liquen | Si buscas producto vegano, la fuente debe decirlo |
| D2 (ergocalciferol) | Forma vegetal clásica | Levaduras y hongos irradiados | Vegana por defecto, hoy menos utilizada |
| K2 MK-7 | Menaquinona de cadena larga | Fermentación bacteriana (tipo natto) o síntesis | Permanece más tiempo en circulación: encaja con una toma diaria |
| K2 MK-4 | Menaquinona de cadena corta | Síntesis | Se elimina antes: suele repartirse en varias tomas |
| K1 (filoquinona) | La vitamina K de la verdura de hoja | Vegetales verdes | Es la forma mayoritaria de la dieta |
La razón por la que las fórmulas combinadas eligen MK-7 y no MK-4 es práctica: la MK-7 permanece disponible en sangre bastante más tiempo, de modo que una sola cápsula al día mantiene un aporte estable. La MK-4 se elimina mucho más rápido y obligaría a repartir la toma. A efectos de etiquetado, las dos se declaran simplemente como vitamina K.
La vitamina D que entra por la piel o por la boca todavía no sirve de nada. Primero pasa por el hígado, que la convierte en 25-hidroxivitamina D, la forma de reserva y la que se mide en la analítica. Después el riñón la transforma en calcitriol, la forma activa, en un proceso regulado por la hormona paratiroidea y por los niveles de calcio y fósforo. Ese doble paso explica dos cosas de golpe: por qué el marcador de laboratorio es la 25(OH)D y no la vitamina D a secas, y por qué una enfermedad hepática o renal cambia por completo el planteamiento de cualquier suplementación.
La radiación que produce vitamina D en la piel es la ultravioleta B, y esa banda no atraviesa el cristal: una mañana entera junto a la ventana o dentro del coche no genera nada. Tampoco llega igual a lo largo del día ni del año, porque depende del ángulo con el que el sol incide. En latitudes como las peninsulares, durante los meses fríos la producción cae mucho aunque la sensación térmica sea agradable. A eso se suman el fototipo, la edad y la superficie de piel realmente expuesta.
La conclusión práctica no es tomar más sol. La radiación ultravioleta es un carcinógeno conocido, y ninguna recomendación dermatológica sensata pasa por alargar exposiciones para corregir una analítica. Cuando el aporte solar no basta, la vía que se plantea en consulta es la dieta y, si procede, la suplementación pautada. Nunca al revés.
Las fuentes alimentarias de vitamina D son pocas y modestas comparadas con las cifras que se leen en las etiquetas de complementos: pescado azul —sardina, caballa, salmón, atún—, aceite de hígado de bacalao, yema de huevo, hígado, y setas que han recibido luz ultravioleta. A ellas se suman los alimentos enriquecidos, sobre todo lácteos y bebidas vegetales, que declaran la cantidad añadida en la tabla nutricional. Una dieta ordenada aporta lo suyo, pero rara vez mueve por sí sola una analítica que ya venía baja, y ese es justo el punto en el que un profesional sanitario decide si hace falta algo más.
De la vitamina K2 conviene recordar que la dieta ya aporta vitamina K de forma habitual: la K1 de las verduras de hoja verde es la forma mayoritaria, y las menaquinonas aparecen en alimentos fermentados. Un complemento de MK-7 se suma a ese aporte, no lo sustituye, y por eso quien esté con un anticoagulante cumarínico tiene que contarlo con su médico antes de introducir cualquier cambio.
La síntesis cutánea depende de la radiación UVB, y esa radiación no llega igual todo el año. En la península ibérica, entre finales de otoño y comienzos de primavera, el ángulo solar reduce mucho la producción por muy despejado que esté el día. A eso se suman factores personales que se acumulan sin que uno los sume: la edad, porque la piel pierde capacidad de síntesis; el fototipo, porque más melanina implica más tiempo de exposición para el mismo resultado; la ropa que cubre; el uso continuado de fotoprotector; el trabajo en interiores; y el exceso de tejido adiposo, que retiene la vitamina y la deja menos disponible.
Hay además situaciones clínicas que cambian por completo el cuadro: enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, cirugía bariátrica y cualquier proceso con malabsorción de grasas; enfermedad renal o hepática; y varios medicamentos de uso prolongado —corticoides, algunos antiepilépticos, rifampicina, orlistat, colestiramina— que interfieren con la absorción o con el metabolismo de la vitamina. Ninguno de esos escenarios se resuelve eligiendo bien un bote: se resuelve en consulta.
El marcador que se mide en sangre es la 25-hidroxivitamina D o 25(OH)D, que refleja el depósito del organismo. Se informa en nanogramos por mililitro o en nanomoles por litro (1 ng/mL equivale a 2,5 nmol/L). Los umbrales que separan deficiencia, insuficiencia y suficiencia no son idénticos entre sociedades científicas, y por eso el número aislado dice poco: lo que decide es la lectura que hace de él quien te atiende, junto con el calcio, la función renal y tu historia clínica.
Ese mismo marcador explica por qué existen los formatos de noventa días. La 25(OH)D tarda semanas en reflejar un cambio de aporte y necesita del orden de dos a tres meses para estabilizarse en un nivel nuevo. Repetir la analítica a las dos semanas no informa de nada; hacerlo cuando te lo indiquen, sí.
El dato que convierte 5.000 UI en una decisión razonable no está en la etiqueta del bote: está en una analítica interpretada por el profesional que te atiende.
Consulta antes de empezar si tomas anticoagulantes, si estás embarazada o en periodo de lactancia, si el producto es para un menor, si tienes enfermedad renal, cálculos, alteraciones del calcio o del paratiroides, sarcoidosis u otra enfermedad granulomatosa, o si ya tomas otros complementos que lleven vitamina D. Esta página informa; no sustituye a la consulta con un profesional sanitario ni sirve para decidir por tu cuenta una dosis.
La vitamina K es, literalmente, el antagonista de fármacos como el acenocumarol y la warfarina. Introducir, retirar o cambiar de golpe un aporte de K2 desestabiliza el INR y obliga a reajustar la pauta. No significa que sea imposible combinarlos: significa que la decisión y el control corresponden al médico que lleva la anticoagulación, y que empezar por tu cuenta un producto con 100 µg de MK-7 es exactamente lo que no se debe hacer. Los anticoagulantes de acción directa actúan por otra vía, pero tampoco es asunto para resolver a solas.
La vitamina D actúa sobre la absorción del calcio, así que cualquier cuadro que ya curse con calcio alto o con tendencia a ello exige prudencia: hipercalcemia, hipercalciuria, hiperparatiroidismo, sarcoidosis y otras enfermedades granulomatosas —que producen vitamina D activa por su cuenta—, litiasis renal de repetición e insuficiencia renal. También hay que tenerlo en cuenta con los diuréticos tiazídicos, que retienen calcio, y con la digoxina, cuya toxicidad aumenta si el calcio sube.
La intoxicación por vitamina D no llega tomando el sol: llega por suplementación mal llevada. Los signos descritos son inespecíficos y aparecen poco a poco —náuseas, vómitos, falta de apetito, estreñimiento, sed y orina abundantes, cansancio, debilidad, confusión— y el mecanismo de fondo es la subida del calcio. Si estás tomando una dosis alta y aparece algo de eso, deja el producto y consúltalo. Mantenido en el tiempo, un exceso puede llegar a depositar calcio en el riñón.
El Real Decreto 1487/2009 obliga a que la etiqueta de un complemento alimenticio incluya la denominación de las categorías de nutrientes, la porción diaria recomendada, la advertencia de no superarla, la mención de que no debe usarse como sustituto de una dieta variada y equilibrada y el aviso de mantenerlo fuera del alcance de los niños más pequeños. Si falta alguna de esas menciones, el producto está mal etiquetado y eso ya te dice bastante del fabricante.
Con eso resuelto, estos son los puntos que de verdad diferencian un bote de otro:
La D3 y la K2 son liposolubles, de modo que se absorben mejor acompañadas de grasa. Tomarlas con una comida principal que lleve aceite, frutos secos, huevo, pescado o lácteos no es un detalle menor: es la diferencia entre aprovechar la dosis y desaprovechar parte de ella. Un encapsulado en aceite de oliva ya aporta ese vehículo, y aun así la recomendación práctica sigue siendo tomarlo con comida.
La hora del día importa mucho menos que la constancia. Elige un momento que puedas repetir sin pensarlo y mantenlo. Si un día se te olvida, sigue al día siguiente con la dosis normal: doblar la toma para compensar no recupera nada y solo añade riesgo.
Conserva el envase cerrado, en un sitio fresco y seco, lejos de la luz directa y del vapor del baño o de la cocina. No uses el producto después de la fecha de duración mínima. Y si estás tomando otros complementos, revisa una vez la etiqueta de todos ellos con la vitamina D en la mano: es sorprendentemente fácil ir sumando aportes sin darse cuenta.
Los pedidos de península salen del almacén en España y llegan en 24-48 horas sin coste; Baleares y Canarias se mueven en 3-5 días. Esta referencia concreta está ahora mismo en preparación: si te interesa, deja tu correo en el aviso de la parte superior y te escribimos cuando vuelva a estar disponible.
En compras a distancia dispones de 14 días naturales para desistir sin justificación, contados desde que recibes el pedido, según los artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007. Puedes comprobar el producto igual que lo harías en una tienda física. La única salvedad aplicable aquí es la del artículo 103.e: los bienes precintados por razones de protección de la salud o higiene quedan excluidos solo si el precinto se ha retirado después de la entrega. Es decir, hacen falta las dos condiciones a la vez: que el envase esté precintado por higiene y que ese precinto se haya abierto ya. Un bote sin abrir se devuelve con normalidad.
La garantía legal de conformidad es de tres años desde la entrega, según el Real Decreto Ley 7/2021, para las compras posteriores al 1 de enero de 2022. En un producto con fecha de duración mínima, esa garantía se refiere a que el artículo llegue conforme a lo descrito y en condiciones de uso dentro de su periodo de validez: envase íntegro, precinto correcto, contenido y etiquetado acordes con lo anunciado. Si algo de eso falla, escribe a atención al cliente con el número de pedido y el lote impreso en el envase.