Omega-3 de microalgas: la respuesta corta antes de entrar en materia
El omega-3 de microalgas es aceite obtenido del organismo que fabrica el EPA y el DHA en el mar. Los peces grasos no sintetizan esos dos ácidos grasos: los acumulan comiendo plancton y peces más pequeños que, a su vez, comieron microalgas. Cultivar directamente la microalga en un fermentador cerrado salta toda esa cadena, y con ella salta también lo que la cadena arrastra: mercurio, dioxinas, PCB y el impacto de la pesca de especies forrajeras. Por eso es la única fuente de EPA y DHA preformados apta para dietas veganas y vegetarianas estrictas.
Este producto declara 400 mg de EPA y 600 mg de DHA, 1.000 mg de omega-3 en total, en cápsula de gelatina vegetal y en formato de 60 unidades. Antes de comprarlo, comprueba en la etiqueta del bote a qué cantidad diaria corresponde ese reparto, porque la diferencia entre «por cápsula» y «por dosis diaria recomendada» cambia por completo la cuenta que vas a hacer más abajo con las declaraciones autorizadas.
Y una advertencia que va por delante de todo lo demás: un complemento alimenticio no es un medicamento, no cura nada y no sustituye a una dieta variada ni a un estilo de vida saludable. Lo que sigue explica qué se puede afirmar por ley sobre el EPA y el DHA, con qué condición de uso, y qué está prohibido afirmar aunque medio internet lo repita.
Qué se puede decir legalmente del EPA y el DHA (y qué no)
En la Unión Europea, lo que un complemento alimenticio puede prometer no lo decide el fabricante: lo decide una lista cerrada. El marco es el Reglamento (CE) 1924/2006, sobre declaraciones nutricionales y de propiedades saludables, desarrollado por el Reglamento (UE) 432/2012, que fija la lista de declaraciones permitidas distintas de las relativas a la reducción del riesgo de enfermedad. Fuera de esa lista, no se puede afirmar nada. Y dentro de la lista, cada frase viene con su condición de uso: una cantidad diaria por debajo de la cual la frase no se puede utilizar.
Para el EPA y el DHA existen declaraciones autorizadas. Estas son, con su redacción y su condición:
Corazón: 250 mg diarios de EPA + DHA
El EPA y el DHA contribuyen al funcionamiento normal del corazón.
La condición de uso es una ingesta diaria de 250 mg de EPA y DHA combinados. Con la composición declarada de este producto —400 mg de EPA más 600 mg de DHA—, esa cantidad se supera con holgura si el bote la atribuye a la dosis diaria. Fíjate en la palabra que importa: funcionamiento normal. La declaración habla de mantener algo que ya funciona, no de arreglar lo que no funciona.
Cerebro y visión: 250 mg diarios de DHA
El DHA contribuye al mantenimiento de la función cerebral normal.
El DHA contribuye al mantenimiento de la visión en condiciones normales.
Ambas declaraciones son exclusivas del DHA, no del omega-3 en general, y ambas piden 250 mg diarios de DHA. Aquí es donde el reparto de la etiqueta deja de ser un detalle técnico: un producto con 1.000 mg de omega-3 pero solo 150 mg de DHA no alcanza la condición, mientras que los 600 mg de DHA declarados en esta ficha sí la alcanzarían. Dos botes con el mismo «1.000 mg» en la portada pueden estar en lados opuestos de la línea.
Triglicéridos y presión arterial: dosis mucho mayores
Hay dos declaraciones más, y conviene conocerlas justamente para saber que aquí no aplican:
- El EPA y el DHA contribuyen al mantenimiento de niveles normales de triglicéridos en sangre, con una condición de uso de 2 g diarios de EPA y DHA combinados.
- El EPA y el DHA contribuyen al mantenimiento de una presión arterial normal, con una condición de uso de 3 g diarios de EPA y DHA combinados.
Con 1.000 mg diarios no se llega ni a la primera ni a la segunda. Cualquier página que te venda un omega-3 de 1.000 mg hablándote de triglicéridos o de tensión está usando una declaración fuera de su condición de uso, que es exactamente lo que el Reglamento 1924/2006 prohíbe. Además, esas dos declaraciones llevan aparejada una advertencia de no superar los 5 g diarios de EPA y DHA combinados procedentes de complementos: más no es mejor, y por encima de cierto punto el propio marco regulatorio te pide frenar.
Embarazo y lactancia: el DHA tiene su propia declaración
Existe una declaración específica según la cual la ingesta de DHA por la madre contribuye al desarrollo normal del cerebro y de los ojos del feto y del lactante amamantado, con una condición de uso de 200 mg diarios de DHA adicionales a la ingesta recomendada de omega-3 para adultos. Es una de las razones por las que el DHA de microalgas interesa en el embarazo: aporta DHA preformado sin el debate sobre el mercurio de los pescados grandes. Aun así, embarazo y lactancia son justo las situaciones en las que no debes decidir por tu cuenta a partir de una ficha de producto: consúltalo con tu matrona, con tu médico o con tu farmacéutico antes de empezar.
Lo que está prohibido afirmar
Esto es tan importante como lo anterior, y es lo que casi ninguna ficha de suplementos escribe. Sobre un complemento de omega-3 no se puede afirmar:
- Que previene infartos, ictus o cualquier evento cardiovascular. Las declaraciones de reducción del riesgo de enfermedad tienen un procedimiento de autorización distinto y mucho más exigente, y el omega-3 de complemento no lo tiene concedido para eso.
- Que baja el colesterol. No hay declaración autorizada de EPA y DHA sobre el colesterol. La única que se acerca al perfil lipídico es la de triglicéridos, y ya has visto que pide 2 g diarios y que habla de mantenimiento de niveles normales, no de reducción.
- Que trata la depresión, la ansiedad o el deterioro cognitivo. Atribuir a un alimento la capacidad de tratar una enfermedad está prohibido de raíz.
- Que es antiinflamatorio, que alivia dolores articulares, que mejora la recuperación deportiva o que reduce la sequedad ocular. Ninguna de esas frases está en la lista.
- Que mejora la memoria, la concentración o el rendimiento en los estudios. La declaración autorizada habla de mantenimiento de la función cerebral normal, que no es lo mismo ni de lejos.
Si te encuentras alguna de esas promesas —aquí, en otra tienda o en un vídeo—, ya sabes que quien la escribe no ha mirado la lista. Y si lo que buscas es resolver un problema de salud concreto, el sitio donde se resuelve no es una tienda: es una consulta médica.
Por qué microalgas y no pescado
La idea de que el omega-3 «viene del pescado» es una simplificación que se ha quedado pegada. El EPA y el DHA se originan en el fitoplancton, y muy señaladamente en microalgas de los géneros que la industria cultiva hoy en fermentadores. El salmón, la sardina o el atún son almacenes, no fábricas. Un salmón de piscifactoría, de hecho, tiene el omega-3 que le haya puesto el pienso.
Ir a la fuente tiene tres consecuencias prácticas.
1. Contaminantes: se evita la bioacumulación, no se «purifica» después
Los contaminantes lipofílicos —metilmercurio, dioxinas, PCB— se concentran a medida que se sube en la cadena trófica. El aceite de pescado se refina para retirarlos, y los aceites de marca seria lo consiguen a niveles muy bajos, pero es un proceso de limpieza posterior sobre una materia prima que sí los llevaba. La microalga cultivada en depósito cerrado, con nutrientes controlados, no llega a incorporarlos. La diferencia no es de grado de limpieza: es de punto de partida.
2. Es la única vía vegana de EPA y DHA preformados
No hay otra. Ni el lino, ni la chía, ni las nueces, ni el aceite de colza contienen EPA o DHA: contienen ALA, que es un ácido graso distinto. Volveremos a ello en un momento, porque es el punto donde más gente se equivoca de buena fe.
3. Sostenibilidad y olor
Producir omega-3 sin extraer biomasa marina reduce la presión sobre las especies forrajeras (anchoveta, capelán, krill), que son la base alimentaria de aves marinas, cetáceos y peces mayores. Y hay un efecto colateral nada menor para quien lo toma: al no proceder de tejido de pescado, el aceite de algas no arrastra los compuestos volátiles responsables del sabor y del regusto marino, ni de las repeticiones que hacen abandonar tantos tratamientos de omega-3 a las dos semanas.
El reparto EPA/DHA: la única cifra de la etiqueta que decide
Es la parte donde el marketing de suplementos hace su trabajo sucio, y es donde tú puedes desmontarlo en treinta segundos. La portada de un bote suele gritar una cifra grande —1.000 mg, 1.200 mg, 2.000 mg— que casi siempre corresponde al aceite total, no al principio activo. Un bote de «1.000 mg de aceite de pescado» puede llevar 180 mg de EPA y 120 mg de DHA, y ser perfectamente legal en su etiquetado, porque el 1.000 se refiere a otra cosa.
La lectura correcta es esta:
- Busca la tabla de información nutricional, no la portada. Está en la trasera y va por dosis diaria recomendada.
- Localiza las dos líneas que importan: EPA y DHA, cada una con sus miligramos. Si el envase solo declara «omega-3» en bloque, sin desglosar, no puedes saber si alcanza ninguna condición de uso. Ese silencio ya es una respuesta.
- Comprueba a cuántas cápsulas corresponde esa columna. Una etiqueta que declara sus miligramos «por 3 cápsulas» no es comparable con otra que los declara por una, y el bote de 60 unidades te durará tres veces menos.
- Contrasta con las condiciones de uso: 250 mg de EPA+DHA para la declaración de corazón, 250 mg de DHA para las de cerebro y visión.
La ficha de este producto declara 400 mg de EPA y 600 mg de DHA sobre un total de 1.000 mg, lo que significa que aquí prácticamente todo el aceite declarado es principio activo y que el reparto está desplazado hacia el DHA. Ese sesgo hacia el DHA es habitual en el aceite de algas y tiene sentido: es el ácido graso que sostiene las declaraciones de función cerebral, de visión y de desarrollo fetal, y es el que el organismo produce peor por su cuenta.
¿Más EPA o más DHA?
No hay una proporción «buena» universal, y desconfía de quien te la venda. Son dos moléculas con papeles distintos: el DHA es un componente estructural de las membranas, con presencia muy alta en la retina y en el tejido nervioso; el EPA se orienta más al metabolismo de mediadores lipídicos. Los productos de algas suelen inclinarse hacia el DHA porque es lo que la microalga produce en mayor proporción y porque es donde su ventaja frente al ALA vegetal resulta más clara. Si por indicación de un profesional necesitas un perfil concreto, esa indicación manda sobre cualquier ficha comercial, incluida esta.
Lino, chía y nueces: por qué las semillas no cubren el hueco
Aquí está el malentendido más extendido entre quienes comen sin pescado y creen tener el tema resuelto. El lino, la chía, las nueces y el cáñamo aportan ALA (ácido alfa-linolénico). El ALA es un ácido graso omega-3 de cadena corta, y el organismo humano puede alargarlo y desaturarlo hasta convertirlo en EPA y, después, en DHA. El problema es que esa conversión es limitada: solo una fracción pequeña del ALA ingerido termina como EPA, y la fracción que llega hasta DHA es sensiblemente menor todavía.
Los cuellos de botella son conocidos:
- Las enzimas desaturasas que transforman el ALA son las mismas que procesan el ácido linoleico, el omega-6 mayoritario de los aceites de semillas y de casi toda la comida procesada. Una dieta con mucho omega-6 satura la vía y deja menos capacidad para el ALA.
- El último paso hacia el DHA es el más ineficiente de la ruta, y en muchas personas es la etapa que prácticamente no rinde.
- Hay variabilidad individual grande: genética, sexo, edad y estado hormonal cambian el rendimiento de la conversión de una persona a otra.
La conclusión práctica no es que las semillas sobren. El ALA es un nutriente por derecho propio y una cucharada de lino molido o de chía en el desayuno tiene todo el sentido. La conclusión es que comer lino no equivale a tomar DHA, y que quien lleva años sin pescado y sin suplemento probablemente esté cubriendo mal el DHA aunque su dieta parezca impecable sobre el papel. Si quieres salir de la conjetura, un profesional sanitario puede orientarte sobre si merece la pena valorar tu situación antes de suplementar a ciegas.
Algas, pescado y krill: comparación sin adornos
Las tres fuentes funcionan. Se diferencian en el punto de la cadena del que salen, en lo que arrastran y en para quién son viables.
| Criterio | Aceite de microalgas | Aceite de pescado | Aceite de krill |
| Origen del EPA/DHA | Productor original, cultivado en depósito cerrado | Acumulado por el pez a lo largo de la cadena trófica | Crustáceo que se alimenta de fitoplancton |
| Apto para dieta vegana | Sí | No | No |
| Riesgo de contaminantes acumulados | Se evita en origen, no depende del refinado | Presente en la materia prima; se reduce por refinado | Bajo, por su posición baja en la cadena |
| Reparto habitual | Suele inclinarse hacia el DHA | Muy variable; a menudo más EPA que DHA | Concentraciones por dosis generalmente bajas |
| Regusto marino | Prácticamente ausente | Frecuente, sobre todo si el aceite ha empezado a oxidarse | Menos marcado que el de pescado |
| Presión sobre el ecosistema | No extrae biomasa marina | Depende de la pesquería y de su gestión | El krill es alimento base de la fauna antártica |
| Precio por miligramo de EPA+DHA | Habitualmente el más alto de los tres | Habitualmente el más bajo | Intermedio o alto |
Sobre el krill circula un argumento que conviene matizar: se le atribuye mejor absorción porque su omega-3 va unido a fosfolípidos en lugar de a triglicéridos. La forma química influye en la absorción, eso es cierto, pero el factor que decide cuánto EPA y DHA entra en tu cuerpo sigue siendo cuántos miligramos hay en la dosis. Una diferencia de absorción no compensa una dosis tres veces menor. Si comparas productos, compara primero miligramos por toma; la forma química es el segundo criterio, no el primero.
Oxidación: el defecto invisible del omega-3
El EPA y el DHA son ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, con muchos dobles enlaces. Eso es justo lo que los hace útiles y también lo que los hace frágiles: reaccionan con el oxígeno con facilidad, y al hacerlo se enrancian. Un aceite oxidado pierde valor y desarrolla compuestos que no aportan nada bueno. Es el punto que ninguna ficha de producto suele mencionar y el que más te conviene vigilar.
Cómo se protege un omega-3
- Encapsulado. La cápsula, de gelatina vegetal en los productos veganos, aísla el aceite del aire. Un aceite líquido en botella empieza a oxidarse desde la primera vez que lo abres; una cápsula intacta, no.
- Antioxidante en la fórmula. Los tocoferoles —vitamina E— o los extractos de romero se añaden precisamente para frenar la oxidación del aceite dentro de la cápsula. Míralo en la lista de ingredientes.
- Envase opaco y bien cerrado. La luz acelera el proceso. Los botes traslúcidos y bonitos son peor idea que los opacos y sosos.
- Fecha de consumo preferente. Un bote de 60 cápsulas a una al día dura dos meses. Si el tuyo caduca en tres, algo no cuadra en la rotación de quien te lo vende.
Señales de que un bote se ha estropeado
El olfato es un detector decente. Si al abrir notas un olor rancio marcado, o si una cápsula sabe a aceite viejo, no lo fuerces. En casa, guárdalo cerrado, en un sitio fresco y sin luz directa, lejos de la vitrocerámica y de la ventana de la cocina. Algunos fabricantes recomiendan nevera una vez abierto; sigue lo que diga tu etiqueta, que es la que conoce su formulación. Y no compres tres botes de golpe «para ahorrar» si vas a tardar un año en gastarlos: en omega-3, el envase pequeño y la rotación rápida ganan al formato ahorro.
Cómo se toma y cuándo hay que preguntar antes
La pauta habitual de un producto como este es una cápsula al día, lo que encaja con un bote de 60 unidades para dos meses. Confírmalo en la etiqueta: la dosis diaria recomendada por el fabricante es la referencia, y no debe superarse.
- Con comida. El omega-3 es una grasa y se absorbe mejor acompañado de otras grasas. Tomarlo con la comida principal, o con un desayuno que lleve algo de aceite, frutos secos o aguacate, es más razonable que tomarlo en ayunas.
- A la misma hora. No porque una hora sea mejor que otra, sino porque la constancia es lo que mantiene el aporte. Los ácidos grasos se incorporan a las membranas de forma gradual: esto no va de notar algo el martes.
- Si un día lo olvidas, sigue al día siguiente con la pauta normal. No se duplica la dosis para compensar.
Consulta antes de empezar si: tomas anticoagulantes o antiagregantes (acenocumarol, warfarina, ácido acetilsalicílico a dosis antiagregante, anticoagulantes de acción directa) o cualquier otro medicamento que afecte a la coagulación; tienes un trastorno de la coagulación; vas a someterte a una cirugía o a una extracción dental en las próximas semanas; estás embarazada o en periodo de lactancia; tienes alergia al marisco, al pescado o a algún componente de la fórmula; o sigues un tratamiento crónico de cualquier tipo. En todos esos casos la decisión la toma tu médico o tu farmacéutico, no una página web.
Fuera de esas situaciones, el perfil de tolerancia de los omega-3 es bueno y las molestias descritas son leves y digestivas. Si algo no te sienta bien, deja de tomarlo y coméntalo con un profesional sanitario. Y si estás tomando ya otro complemento con omega-3, o un multinutriente que lo incluya, suma las cantidades antes de añadir uno nuevo: es el error más fácil de cometer y el más fácil de evitar.
A quién le encaja este producto y a quién no
Encaja bien si..
- Sigues una dieta vegana o vegetariana estricta. Es el caso más claro de todos: sin pescado ni marisco, las microalgas son la única fuente dietética de EPA y DHA preformados disponible.
- No comes pescado azul, sin más. Por gusto, por textura, por olor o porque no entra en tu compra habitual. La dieta real manda sobre la dieta ideal.
- Te preocupa el mercurio y has ido reduciendo el pescado grande —atún rojo, pez espada, lucio, tiburón— siguiendo las recomendaciones de consumo dirigidas a población infantil y a embarazadas.
- Estás embarazada o planeas estarlo y quieres cubrir el DHA sin ampliar el consumo de pescado. Con la conversación previa con tu matrona o tu médico, que en esta etapa no es un formalismo.
- Ya tomabas omega-3 de pescado y lo has abandonado por el regusto o por las repeticiones. Es un motivo de abandono banal y muy frecuente, y el aceite de algas lo resuelve.
No es para ti si..
- Buscas tratar una enfermedad. Un complemento alimenticio no trata ni previene nada, y usarlo como sustituto de un tratamiento prescrito es una mala idea con consecuencias reales.
- Tomas anticoagulantes y no lo has hablado con quien te los pauta.
- Ya comes pescado azul con regularidad y no tienes ninguna restricción dietética. En ese caso probablemente estés cubriendo el aporte por la vía de la comida, que siempre es la primera opción.
- Buscas el máximo de EPA y DHA por euro. El aceite de algas es más caro por miligramo que el de pescado, por proceso de producción. Si el criterio es solo el precio y no hay motivo dietético ni ético detrás, la cuenta no te va a salir.
- Esperas notar un efecto en unos días. No funciona así, y quien te diga lo contrario te está vendiendo otra cosa.
Lo que esta página no te va a dar
Por transparencia, y porque hasta hace poco esta ficha decía cosas que no podía sostener:
- Aquí no hay notas medias ni recuentos de opiniones de compradores. No disponemos de un sistema de recogida y verificación de valoraciones, y publicar una puntuación sin ese sistema detrás es inventarse el dato. Cuando exista, se dirá de dónde sale.
- No hemos hecho ensayos propios. Nadie de este equipo ha probado el producto en condiciones controladas ni ha medido nada. Lo que lees es lectura de normativa y de composición declarada, no experiencia personal.
- No hay consulta clínica detrás. SuplementosMujer es una tienda, no un centro sanitario. Nadie aquí tiene pacientes, ni recomienda pautas individuales, ni firma como personal sanitario.
- No hay estudios citados de memoria. Las únicas afirmaciones de efecto que vas a encontrar son las declaraciones autorizadas de la lista europea, con su redacción literal y su condición de uso, para que puedas comprobarlas por tu cuenta.
Si echas de menos alguna de esas cosas, es intencionado. Preferimos una ficha que se quede corta a una que te oriente mal en algo que afecta a tu salud.
Tus derechos cuando compras un complemento a distancia
Comprar por internet en España te da un marco de protección que conviene conocer, porque muchas tiendas lo describen mal.
Desistimiento: 14 días naturales
Tienes 14 días naturales desde la recepción del pedido para desistir sin justificar el motivo y sin penalización, según los artículos 102 a 108 del texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios (RDL 1/2007). Puedes abrir el paquete y comprobar el producto, igual que lo harías en una tienda física.
Hay un matiz que afecta a los complementos alimenticios y que se cuenta mal casi siempre. El artículo 103.e excluye del desistimiento los bienes precintados que no sean aptos para ser devueltos por razones de protección de la salud o de higiene y que hayan sido desprecintados tras la entrega. Son dos condiciones que deben darse a la vez. Un bote de cápsulas con el precinto intacto se devuelve dentro de plazo sin problema. La fórmula los productos higiénicos no admiten devolución, a secas y sin matices, no es correcta.
Garantía legal: 3 años
La garantía legal de conformidad es de 3 años desde la entrega para los bienes comprados a partir del 1 de enero de 2022, tras la reforma del RDL 7/2021. En un complemento alimenticio, la falta de conformidad relevante suele ir por otro camino —producto en mal estado, envase dañado, contenido que no corresponde a lo declarado, fecha de consumo preferente vencida al recibirlo—, y en esos casos lo razonable es escribir al servicio de atención al cliente en cuanto lo detectes.
Qué debe decirte la etiqueta
Los complementos alimenticios están regulados en España por el Real Decreto 1487/2009. Una etiqueta correcta identifica el producto como complemento alimenticio, declara los nutrientes y su cantidad por dosis diaria recomendada, advierte de no superar la dosis diaria expresamente recomendada, indica que no debe utilizarse como sustituto de una dieta equilibrada y avisa de mantener fuera del alcance de los niños. Si un bote que recibes no lleva esas menciones, tienes un motivo para reclamar y otro para desconfiar.
Aviso sanitario: el contenido de esta página es informativo y no sustituye el consejo, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario. Los complementos alimenticios no deben utilizarse como sustitutos de una dieta variada y equilibrada ni de un estilo de vida saludable, y no deben superar la dosis diaria recomendada por el fabricante. Ante cualquier problema de salud, si tomas medicación —muy especialmente anticoagulantes o antiagregantes—, si estás embarazada o en periodo de lactancia, consulta a tu médico o a tu farmacéutico antes de tomar este o cualquier otro complemento.