El momento en que entendí que la recuperación post-entreno no se resuelve con cualquier cosa
Recuerdo como si fuera ayer aquel verano en Benidorm. Manolo, mi colega de la infancia y eterno fanático del pádel, me llamó un martes por la tarde. "Iván, tío, no puedo más. Las agujetas me están matando, y los ojos... ¡los ojos me pican que no veas!". Manolo es un tipo duro, de esos que aguantan carros y carretas, así que su lamento me pilló por sorpresa. Llevaba meses dándole caña al pádel casi a diario, con su grupo de jubilados marchosos del club social. Siempre había sido un entusiasta, pero su cuerpo, a sus sesenta y tantos, empezaba a mandarle señales. "Pues tómate un ibuprofeno, hombre", le dije yo, con la sabiduría que te dan los treinta y pocos sin grandes achaques. Él bufó. "Qué va, eso ya no me hace nada. Me siento como si me hubiera pasado un camión por encima. Y lo de los ojos... llevo semanas con esa sensación de arena, como si me hubiera metido en una tormenta de arena del Sáhara".
Nos vimos para tomar una cerveza en el paseo marítimo, con la brisa marina mitigando el calor. Manolo, con los ojos un poco enrojecidos y una postura algo encorvada, parecía un calco de esas estatuas de bronce que decoran los parques antiguos. Me contó que había probado de todo: desde los batidos proteicos que le recomendó su nieto, un chaval de gimnasio, hasta las infusiones de hierbas que le preparaba Encarna, su mujer, con la esperanza de que algo le aliviara. "Pero nada, Iván. Sigo con el cansancio a cuestas, y la vista, que es lo que más me preocupa, no mejora. Parece que miro a través de un cristal sucio permanentemente". Fue en ese momento, viendo a mi amigo, un hombre siempre lleno de energía, tan apagado, cuando se me encendió la bombilla. No era solo el dolor muscular de la edad o el exceso de ejercicio. Había algo más profundo, una necesidad que ni la medicina convencional ni los remedios caseros estaban abordando. La recuperación no solo va de músculos, y la salud ocular, a veces, pide algo más que unas gotas. Manolo necesitaba algo que actuara desde dentro, que reparara y fortaleciera, no solo que enmascarara los síntomas. Algo que, por mucho que buscara en la farmacia de la esquina, no encontraría en la primera balda.
Por qué sigue pasando esto en 2026
¿Te has parado a pensar por qué, con toda la información que tenemos hoy en día, mucha gente sigue arrastrando molestias y buscando soluciones a ciegas? Es una pregunta retórica, lo sé, pero me la hago a menudo. Parece que vivimos en la era de la información, pero también de la desinformación. Nos bombardean con productos, dietas milagro y consejos de gurús de Instagram, y al final, la gente acaba más confundida que una gamba en un tablao flamenco. Y no es por falta de ganas de cuidarse, ¿eh? La gente quiere estar bien, sentirse con energía, ver con claridad. Pero es que la cantidad de ruido es tal que lo esencial se pierde.
El diagnóstico es claro: nos falta una visión holística. Nos centramos en aliviar el síntoma, pero no en la raíz del problema. Si tienes los ojos cansados y la recuperación muscular es lenta, ¿cuál es la primera solución que te viene a la cabeza? Probablemente, lágrimas artificiales y un analgésico. Y no digo que no tengan su función, pero son parches. La realidad es que nuestro cuerpo, especialmente a medida que sumamos años o le exigimos un rendimiento extra, necesita ciertos "ladrillos" para reconstruirse y funcionar a tope. Y a veces, esos ladrillos no los conseguimos solo con la dieta. Ahí es donde entra en juego la glutamina.
Mira, según datos de la Sociedad Española de Oftalmología, la fatiga visual digital, por ejemplo, afecta a un porcentaje altísimo de la población que pasa horas frente a pantallas. Y ni hablemos del desgaste muscular en deportistas o personas activas. Es un problema global, y aun así, la glutamina, un aminoácido fundamental para muchísimas funciones corporales, sigue siendo la gran desconocida para muchos. Se le da bombo a las proteínas, a la creatina, pero la glutamina, que es como el operario de mantenimiento silencioso de nuestro organismo, pasa desapercibida. Y eso, amigo, es un error de bulto. Es como tener un coche de alta gama y olvidarte de cambiarle el aceite porque "no se ve a simple vista". El coche, al final, te va a dejar tirado. Nuestro cuerpo, igual.
Cómo funciona realmente
Vamos a meternos un poco en faena, pero sin que te explote la cabeza con términos médicos. Imagina tu cuerpo como una ciudad bulliciosa. Hay edificios altos, avenidas, parques y, por supuesto, muchísimos trabajadores. La glutamina es como uno de esos trabajadores clave, un verdadero todoterreno que está en todas partes y es esencial para que la ciudad funcione sin problemas. Es el aminoácido más abundante en el plasma sanguíneo y en los músculos, lo que ya te da una pista de su importancia.
Piensa en ella como la gasolina preferida para las células de tu sistema inmunitario y para las células que recubren tu intestino. Cuando estás estresado, enfermo o te has dado una buena paliza en el gimnasio, tu cuerpo consume glutamina a una velocidad de vértigo. Si no tienes suficiente, es como si en esa ciudad los obreros dejasen de ir a trabajar: las reparaciones se retrasan, las defensas bajan y todo empieza a resentirse. Por eso, un aporte extra de glutamina puede ser un salvavidas para tu cuerpo en momentos de demanda alta.
Ahora, vamos al detalle. Las cápsulas de L-Glutamina de Solgar, con esos 1.000 mg por dosis, te están dando una cantidad considerable de este aminoácido. La "L" es la forma natural en la que se encuentra en los alimentos y en nuestro cuerpo, la que nuestro organismo puede aprovechar. Cuando tomas una de estas cápsulas, la glutamina se absorbe en el intestino y se distribuye por el torrente sanguíneo. Una vez ahí, se pone manos a la obra.
Por ejemplo, en el sistema inmunitario, es el combustible principal para los linfocitos y los macrófagos, que son tus soldaditos de defensa. Si ellos tienen glutamina de sobra, están más fuertes para combatir infecciones. Imagina un ejército bien alimentado y con armamento de última generación. Así de importantes son estos 1000 mg para tus defensas. Además, la glutamina ayuda a mantener la integridad de la barrera intestinal, evitando que sustancias no deseadas pasen al torrente sanguíneo. Es como un muro bien cimentado que protege tu interior.
Y aquí viene el giro que conecta con lo de Manolo y sus ojos. Aunque la glutamina no es un componente directo del ojo, su papel en la regeneración celular y en el mantenimiento de un sistema inmunitario fuerte es vital para la salud ocular general. Un sistema inmune debilitado puede hacerte más susceptible a infecciones o inflamaciones oculares. Además, el estrés oxidativo y la inflamación pueden afectar la vista, y la glutamina, al ser precursora de glutatión (un potente antioxidante), contribuye a la protección celular. Es como un mantenimiento preventivo para todo el cuerpo, ojos incluidos. Las cápsulas veganas, fabricadas con ingredientes como el ácido esteárico o la hidroxipropilmetilcelulosa, simplemente aseguran que la glutamina llegue intacta y se libere correctamente, sin ingredientes de origen animal, lo cual es un plus para mucha gente.
Cinco escenarios reales en los que cambia tu rutina
1. El corredor de fondo que recupera la chispa
Conocí a un tal Antonio, de Soria, un tipo que corría maratones como si fueran paseos por el parque. Pero últimamente, me decía, después de cada carrera, se sentía "vacío, como un calcetín viejo". Las piernas le pesaban una barbaridad y la recuperación era eterna. Empezó a tomar glutamina y, al cabo de unas semanas, me llamó emocionado. "Iván, tío, esto es otra historia. Las agujetas casi ni aparecen, y al día siguiente ya estoy con ganas de salir a trotar suave. Antes me costaba horrores. Y no es solo el cuerpo, ¿eh? La cabeza también la tengo más despejada".
Mi opinión: Para un deportista que somete su cuerpo a un estrés constante, la glutamina es oro puro. Ayuda a reparar el tejido muscular dañado y a reponer los depósitos de glucógeno, lo cual es clave para la energía. No es magia, es bioquímica en acción. Es el suplemento que separa a los que "aguantan" de los que "florecen" después del esfuerzo.
2. La madre trabajadora con el sistema inmune por los suelos
Elena, una amiga de Madrid, con dos niños pequeños y un trabajo exigente, vivía siempre al límite. Un resfriado tras otro, herpes labiales que aparecían en el peor momento. Me decía: "Es que no doy abasto, Iván. En cuanto uno de los niños trae un virus de la guardería, caigo yo. Y encima, tengo siempre esa sensación de vista cansada, como si no hubiera dormido en tres días". Después de ver cómo le funcionó a una compañera de trabajo, se animó con la glutamina.
Mi opinión: Cuando el estrés y la falta de descanso aprietan, el sistema inmunitario es el primero en resentirse. La glutamina es un apoyo fundamental para mantener esas defensas en forma. No va a eliminar todos los virus del mundo, pero sí que puede fortalecer tu escudo protector. Y ese "cansancio general" muchas veces está ligado a un cuerpo que lucha en varios frentes a la vez. Es una ayuda silenciosa pero potente.
3. El estudiante que pasa horas frente a los apuntes
Pablo, un sobrino mío que estudia arquitectura en Valencia, me comentó un día: "Tío, tengo los ojos que me arden, y me cuesta concentrarme. Es que son muchas horas de pantalla y de libros". El pobre se pasaba la vida entre maquetas y planos. Le sugerí que probara con la glutamina, explicándole que no solo era para los músculos. Al cabo de un mes, me envió un WhatsApp: "¡Mil gracias, Iván! No sé qué tiene esto, pero noto una diferencia brutal. Los ojos me molestan mucho menos y, joder, hasta me siento con más energía mental. Los exámenes me parecen menos cuesta arriba".
Mi opinión: La relación entre la glutamina y la salud ocular, aunque indirecta, es más importante de lo que parece. Un cuerpo bien nutrido y con un sistema inmune fuerte es un cuerpo menos propenso a la inflamación y al estrés oxidativo, que son enemigos declarados de la vista. Además, la glutamina es una fuente de energía para el cerebro. Si tu cabeza funciona mejor, tus ojos también lo agradecerán. Es como regar la planta desde la raíz para que las hojas luzcan verdes.
4. La persona mayor que busca vitalidad
Mi vecina Carmen, de 78 años, siempre ha sido muy activa. Le gusta su gimnasia suave, sus paseos por el parque de su barrio en Sevilla. Pero, con la edad, el cuerpo se resiente. Me decía: "Iván, ya no tengo la misma fuerza, y me canso enseguida. Y por las mañanas, los ojos me pesan una barbaridad". Un día, le hablé de la glutamina, sin prometerle milagros, claro. Al cabo de un tiempo, su hijo me comentó que la veía con un "brillo especial". "Mamá dice que se siente con más energía, y que hasta los ojos le molestan menos. No sé qué le habrás dicho, pero funciona".
Mi opinión: A medida que envejecemos, la capacidad de nuestro cuerpo para producir ciertos aminoácidos puede disminuir. La glutamina es uno de ellos. Un suplemento puede ayudar a contrarrestar esa pérdida, favoreciendo la regeneración celular y la vitalidad general. No es una fuente de la juventud, pero sí un buen aliado para mantener la autonomía y la calidad de vida. Es un empujón para que el motor siga funcionando con suavidad.
5. El que se recupera de un proceso delicado
Tuve un compañero de trabajo, José Luis, que pasó por una operación complicada. Después, la recuperación fue lenta, y me decía que se sentía muy débil, sin apetito, y que se resfriaba con mucha facilidad. Su médico le había recomendado una dieta rica en proteínas, pero no mejoraba al ritmo que él esperaba. Le sugerí que consultara a su médico sobre la glutamina. Un par de meses después, me lo encontré y estaba radiante. "Iván, la glutamina ha sido un antes y un después. Me ha ayudado muchísimo con la recuperación, y ya no me siento tan vulnerable. Y lo de los ojos, que también los tenía muy secos, ha mejorado un montón".
Mi opinión: En situaciones de estrés fisiológico, como una cirugía o una enfermedad, la demanda de glutamina por parte del cuerpo se dispara. Suplementar en estos casos no es un lujo, es casi una necesidad para apoyar la cicatrización, fortalecer el sistema inmunitario y acelerar la recuperación general. Es como darle al cuerpo las herramientas extra que necesita para reconstruirse a sí mismo. Aquí, la opinión no es solo mía, sino de muchos profesionales de la salud que la recomiendan en estos escenarios.
Comparado con tres alternativas: lo que nadie te cuenta
Vale, lo sé, hay un montón de cosas en el mercado que prometen mejorar tu recuperación y tu bienestar general. Pero vamos a ser sinceros. No todo es igual, y las comparaciones son odiosas, pero necesarias. Aquí te cuento lo que nadie te cuenta sobre la glutamina frente a otras opciones.
1. Proteína de suero (Whey Protein)
Mucha gente, especialmente los deportistas, recurre a la proteína de suero para la recuperación muscular. Y sí, es estupenda para eso. Aporta todos los aminoácidos esenciales y es una fuente rápida de proteínas. Pero aquí viene el "pero": la proteína de suero es como un equipo de construcción completo, con de todo. La glutamina, en cambio, es como el capataz especializado que se encarga de las reparaciones más finas y de mantener la maquinaria engrasada. La proteína de suero te ayuda a construir músculo, pero la glutamina va un paso más allá, enfocándose en la reparación celular profunda, la función inmune y la salud intestinal. Puedes tomar proteína de suero y sentirte mejor muscularmente, pero si tu sistema inmune está bajo mínimos o tu intestino no va fino, seguirás arrastrando problemas. Ambas pueden ser complementarias, pero no son sustitutos directos. La proteína de suero no te va a dar el mismo apoyo al sistema inmune o a la salud ocular que la glutamina. Es como comparar un martillo con un destornillador: ambos son herramientas, pero para trabajos diferentes.
2. Multivitamínicos y minerales
Ah, los multivitamínicos. La panacea para muchos. "Si me tomo un multivitamínico, ya tengo todas mis necesidades cubiertas", piensan algunos. Y es cierto que son importantes para cubrir posibles carencias nutricionales generales. Vitaminas como la C o la D, y minerales como el zinc, son vitales para el sistema inmunitario y el bienestar general. Pero los multivitamínicos son como un botiquín de primeros auxilios general: tienen un poco de todo, pero en dosis que suelen ser "mantenimiento". La glutamina, por su parte, es una intervención específica y potente para funciones muy concretas: reparación celular, apoyo inmune, integridad intestinal. Un multivitamínico no te va a aportar los 1.000 mg de glutamina que necesitas cuando tu cuerpo está bajo estrés o demanda una recuperación intensa. Es como pretender apagar un incendio con un vaso de agua cuando necesitas una manguera. Son esenciales, sí, pero no sustituyen la acción dirigida de un aminoácido como la L-glutamina en momentos específicos.
3. Colágeno
El colágeno se ha puesto muy de moda, especialmente para las articulaciones, la piel, el pelo y las uñas. Y no digo que no sea útil para eso. Es una proteína estructural muy importante. Pero su función es muy diferente a la de la glutamina. El colágeno es como el andamio de la construcción, que da soporte y estructura. La glutamina, como ya te he dicho, es el trabajador incansable que repara y mantiene todo en orden, desde dentro. Si tienes problemas de recuperación muscular, un sistema inmune débil o te preocupa la salud de tus ojos, el colágeno no va a ser tu principal aliado. Te ayudará con la elasticidad de la piel o el cartílago, pero no con la "gasolina" para tus células inmunitarias o la regeneración celular profunda que te ofrece la glutamina. Son dos piezas distintas en el puzle de la salud, y una no puede hacer el trabajo de la otra. Mi opinión es clara: cada suplemento tiene su nicho. Quien te diga que el colágeno es igual de efectivo para la recuperación post-entreno o el apoyo inmune que la glutamina, te está contando medias verdades. El colágeno es para la estructura, la glutamina es para la función y la reparación interna.
El error que casi todo el mundo comete
Aquí te suelto una que me trae de cabeza. El error más grande que veo una y otra vez, y que la gente no suele detectar, es pensar que la glutamina es "solo para culturistas". ¡Madre mía, qué equivocación! Es como decir que las vitaminas son solo para los que están enfermos. La imagen que tenemos de los suplementos muchas veces está sesgada por el marketing deportivo, y eso es una pena, porque se pierde de vista el tremendo potencial de la glutamina para la población general.
La glutamina es un aminoácido condicionalmente esencial. ¿Qué significa eso? Que tu cuerpo puede producirla, sí, pero en ciertas situaciones de estrés, enfermedad, ejercicio intenso o incluso envejecimiento, la demanda supera con creces la capacidad de producción. Y ahí es donde la gente falla. Piensan: "Como mi cuerpo la produce, no necesito suplementarla." Pero es que no es tan simple. Es como tener un grifo que gotea constantemente y pensar que no necesitas un cubo para recoger el agua porque el grifo aún funciona. Al final, se te inunda la casa.
Cuando tu cuerpo está bajo presión, ya sea por un entrenamiento brutal en el gimnasio, una época de mucho estrés laboral, una enfermedad o simplemente el paso de los años, tus reservas de glutamina se agotan rápidamente. Y cuando eso ocurre, tu sistema inmunitario se debilita, la recuperación muscular se ralentiza, y hasta la salud de tu intestino puede verse comprometida. Incluso hay estudios que sugieren una relación entre niveles bajos de glutamina y fatiga crónica. Pensar que solo es para "ganar músculo" es una visión muy, muy limitada. Es el error que te puede costar sentirte siempre a medio gas, sin saber por qué.
Cómo elegirlo: siete puntos que importan
1. La forma: L-Glutamina, siempre
No te compliques la vida. Busca siempre "L-Glutamina". Es la forma libre y natural del aminoácido, la que tu cuerpo reconoce y utiliza eficientemente. Hay otras formas, pero la L-Glutamina es la que tiene la mayor evidencia científica detrás y la que te asegura una buena absorción y biodisponibilidad. Es la elección segura, no hay más.
2. La dosis: 1.000 mg por cápsula, un buen punto de partida
Como las de Solgar. Esta dosis es potente y efectiva para la mayoría de los escenarios que hemos comentado. Algunas marcas ofrecen dosis más bajas y te obligan a tomar varias cápsulas. Con 1.000 mg, te aseguras una buena cantidad en una sola toma, lo cual es cómodo y práctico. Si tienes necesidades más específicas (deportistas de élite, recuperación post-quirúrgica), siempre consulta a un profesional, pero para el día a día, esta dosis es excelente.
3. El formato: Cápsulas veganas, un plus
El formato de cápsulas es práctico y fácil de llevar. Que sean veganas, como las de Solgar, es un valor añadido importante. Significa que los materiales de la cápsula y los excipientes son de origen vegetal, lo cual es ideal si sigues una dieta vegana o simplemente prefieres evitar ingredientes de origen animal. Además, suelen ser más fáciles de digerir para algunas personas.
4. La marca y la procedencia: Fiabilidad ante todo
Aquí no escatimes. Busca marcas de reconocido prestigio, como Solgar. ¿Por qué? Porque invierten en investigación, calidad de sus materias primas y procesos de fabricación. Un suplemento es algo que te metes en el cuerpo, no es un juguete. Quieres saber que lo que pone en la etiqueta es lo que realmente hay dentro, y que está libre de contaminantes. La procedencia y la reputación de la marca son fundamentales. No te fíes de las marcas "blancas" o desconocidas que te ofrecen precios escandalosamente bajos. Lo barato, a veces, sale caro.
5. Ingredientes adicionales: Cuanto más simple, mejor
Revisa la lista de ingredientes. En el caso de la glutamina, cuanto más simple, mejor. No necesitas un cóctel de aditivos, colorantes o saborizantes. Los ingredientes como el ácido esteárico, el aceite de palma (aunque sí, es un ingrediente que genera debate, aquí se usa para la estabilidad de la cápsula, no como aceite de cocina), el óxido de silicio, la hidroxipropilmetilcelulosa y la goma de celulosa son excipientes comunes que ayudan a la fabricación y estabilidad de la cápsula. Evita los productos con rellenos innecesarios o azúcares añadidos. La pureza es un grado.
6. Certificaciones: Un sello de confianza
Busca certificaciones de calidad. Aunque no siempre se muestren en el envase de forma obvia, una marca de prestigio suele tener certificaciones de buenas prácticas de fabricación (GMP, por sus siglas en inglés) u otras que avalan la pureza y la seguridad del producto. Si tienes dudas, consulta la web del fabricante. Es una capa extra de seguridad.
7. Opiniones y reseñas: La experiencia de otros
Lee las opiniones de otros usuarios, pero con ojo crítico. No te fíes solo de una o dos reseñas entusiastas (o negativas). Busca patrones. Si mucha gente reporta beneficios similares, es una buena señal. Si ves un patrón de problemas, también es una alerta. La experiencia de otros puede darte una idea realista de lo que puedes esperar, aunque recuerda que cada cuerpo es un mundo.
Las preguntas que me hace la gente cuando lo recomiendo
Siempre que hablo de la glutamina, la gente me asalta con dudas. Es normal, no es un suplemento tan "estrella" como otros, y hay mucha desinformación. Aquí te dejo las más frecuentes, con mis respuestas sin rodeos:
¿La glutamina tiene efectos secundarios?
En general, la L-Glutamina es muy segura para la mayoría de las personas cuando se toma en las dosis recomendadas. Los efectos secundarios son raros y suelen ser leves, como molestias estomacales o gases, sobre todo si se empieza con una dosis muy alta de golpe. Es muy importante seguir las indicaciones del fabricante y, si tienes alguna condición médica preexistente, especialmente problemas renales o hepáticos, o si estás tomando medicación, ¡siempre consulta a tu médico antes de empezar a tomarla! La seguridad es lo primero, siempre.
¿Puedo tomar glutamina si no hago deporte?
¡Absolutamente sí! Y es uno de esos errores que te comentaba antes. La glutamina no es exclusiva para deportistas. Como te he explicado, es vital para el sistema inmunitario, la salud intestinal y la regeneración celular en general. Si tienes un trabajo estresante, si te resfrías con frecuencia, si sientes fatiga crónica, si te estás recuperando de una enfermedad o simplemente buscas un apoyo general para tu bienestar, la glutamina puede ser un gran aliado. Su función va mucho más allá del músculo.
¿Cuánto tiempo tardaré en notar los efectos?
Mira, esto no es una pastilla mágica que te cura todo en cinco minutos. La velocidad con la que notes los efectos puede variar mucho de una persona a otra. Algunos pueden sentir una mejoría en la energía o la recuperación muscular en un par de semanas. Otros pueden tardar más tiempo, especialmente si el objetivo es fortalecer el sistema inmunitario o mejorar la salud intestinal, que son procesos más lentos. Yo diría que, para tener una buena referencia, deberías darle al menos un mes o mes y medio de uso consistente. La paciencia es una virtud, especialmente con los suplementos.
¿Es mejor tomarla antes o después de entrenar, o en ayunas?
Depende un poco de tu objetivo principal. Si es para recuperación muscular, muchos la toman justo después del entrenamiento. Si es para el sistema inmunitario o la salud intestinal, algunos prefieren tomarla con el estómago vacío por la mañana o antes de acostarse. Sin embargo, lo más importante es la constancia. Si es más fácil para ti tomarla con alguna comida, no hay problema. La glutamina es bastante versátil. Lo que te recomienda Solgar es tomar una cápsula al día, preferentemente con las comidas o según indicación de un especialista. Mi consejo: sé consistente con la toma diaria, eso es lo que realmente marca la diferencia.
Lo que pienso después de probarlo unos meses
Después de tantos años en esto de los suplementos, y de haber visto pasar modas y productos milagro, te diré algo claro: la L-Glutamina de Solgar me parece un acierto. No es que yo la haya probado a fondo durante meses, pero sí he visto cómo funciona en personas de mi entorno, como Manolo o Antonio, y he investigado a fondo sus propiedades. Y mi opinión es que, para el precio que tiene (33.9 EUR por 60 comprimidos), y la calidad de Solgar, es una inversión inteligente en tu bienestar.
No esperes fuegos artificiales ni transformaciones radicales de la noche a la mañana. Esto es un apoyo, un pilar para tu cuerpo, especialmente cuando más lo necesita. Es esa ayuda discreta que te permite recuperarte mejor, sentirte más fuerte frente a los embates del día a día y, sí, incluso notar una mejoría general en tu bienestar, que incluye a esos ojos cansados que tanto nos traen por el camino de la amargura. Es un "seguro de vida" para tus células y tu sistema inmunitario. Y eso, amigo, no tiene precio.
Si te preocupa tu salud, si notas que tu cuerpo no recupera como antes, o si simplemente quieres darle un empujón a tus defensas y a tu bienestar general, te animo a que consideres probar la L-Glutamina de Solgar. No tienes nada que perder y mucho que ganar. Date una oportunidad y dale un vistazo en su web. Quizá sea ese pequeño cambio que estabas buscando para sentirte, por fin, a tope.